El COVID-19 ha establecido una serie de cambios importantes en nuestras vidas tanto en la economía como en los aspectos biológicos de nuestro comportamiento humano. Tenemos una serie de fenómenos de angustia generalizada relacionada con la prevención de ser contagiados por la enfermedad, pánico que una vez que van aumentado las cantidades de personas fallecidas por ella nos hacen reflexionar en una terrible realidad que nos negábamos a aceptar, al principio de la pandemia. Sin embargo, hoy en día nuestro temor es bifásico ya que a la angustia de no ser contagiados se agrega la de en caso de padecer la enfermedad no morir por esta causa y sobre toda no ser penalizados por las formas mas graves de las secuelas aun parcialmente descritas.
A la fecha se ha observad que cuando el paciente que sobrevive a los cuadros de COVID-19 ha sido dado de alta, el paciente convaleciente puede experimentar síntomas tales como fatiga, falta de aire y dolor muscular, alguno de ellos en forma persistente y aún no sabemos si tendremos que llamarle permanente. Dependiendo del grado de los síntomas, el paciente debe ser monitoreado y sometido a la técnica de rehabilitación que requiera, posiblemente de manera principal considerando al menos terapia física, ocupacional o de lenguaje. Contrariamente a lo que se puede pensar, las personas que han padecido un cuadro leve de COVID-19 presentan secuelas, aunque pareciera que se trata de un cuadro inocente de enfermedad. algunos de estos pacientes desarrollan –meses después de su recuperación inicial– síndromes dolorosos musculoesqueléticos o polineuropatías, esa sensación de falta de fuerza en los miembros superiores o inferiores, también puede afectar a los músculos relacionados con la respiración. En los cuadros moderados –que requieren de hospitalización y oxigenoterapia, pero que no ingresan a UCI– también se ha observado secuelas como polineuropatías, pero a esto se suma atrofia muscular, asociada a los días en cama. Los cuadros severos –que implican períodos de hospitalización de un mes o más y el uso de un ventilador mecánico– no solo están relacionados a secuelas como el adelgazamiento muscular y el acortamiento de los tendones, sino también a trastornos en la deglución de alimentos y en la voz. “Los pacientes que superaron cuadros severos salen de la recuperación física y generalmente tienen dolor en el hombro, en la columna cervical y lumbar, y muchos van a presentar una polineuropatía del paciente crítico, que les impide caminar por sí solos y les ocasiona dificultades para realizar tareas diarias como peinarse, vestirse o alimentarse” Después de su recuperación inicial, las personas que tuvieron COVID-19 necesitan volver a su entorno familiar, social y laboral en el más corto plazo. Por tal motivo, el programa de rehabilitación al que es sometido el paciente recuperado es integral y abarca diversos aspectos. “La terapia física tiene como objetivo mejorar la capacidad respiratoria del paciente, es decir, volverle a enseñar cómo debe respirar de forma adecuada. También nos ayuda a fortalecer la musculatura que se ha adelgazado por los 20, 30 o 40 días en UCI”, aun cuando no tenemos manera de medir los parámetros de pronóstico que seguirán a estas etapas de mejoría de los pacientes afectados por diversos esquemas de gravedad. Hoy en día, para tratar los trastornos en la voz y en la deglución se realizan terapias de lenguaje, que consisten en ejercicios linguales (de la lengua), de relajación, de respiración, así como de mejoramiento de los músculos orofaciales, la capacidad fonatoria y de los cambios de voz. Por otro lado, también se aplican terapias ocupacionales, que se enfocan en los déficits motores, sensoriales y cognitivos vinculados al estar en UCI. En la terapia ocupacional, mediante actividades sencillas, se busca que la persona mejores destrezas y realice nuevamente tareas diarias sin ayuda de nadie, como lavarse, colocarse la ropa o sujetar los cubiertos o incluso sentarse. La telemedicina ha sido reportada como una herramienta muy útil para evaluar y monitorear a los pacientes COVID-19 que han sido dados de alta, en los lugares en los que se dispone de este recurso. “A través de los sistemas de telemedicina podemos atender a los pacientes un día después de que dejaron el hospital; es decir, llegan a casa y al día siguiente ya están empezando con el proceso de rehabilitación. El sobreesfuerzo asociado a la dificultad para respirar en un cuadro de COVID-19 puede hacer que la lengua retroceda. Esto genera problemas para pasar la comida, en un terreno que ya de por si puede estar experimentando alteraciones en la sensibilidad. El COVID-19 puede afectar varios órganos, como el corazón y el cerebro, lo que aumenta el riesgo de presentar problemas de salud a largo plazo. Los síntomas más comunes del COVID-19 que suelen persistir son fatiga, falta de aire al respirar, tos, dolor en las articulaciones y dolor en el pecho. La comunidad científica y médica continúa descubriendo sobre la marcha nuevos efectos que provoca el coronavirus en la salud de los pacientes que lo sufren. Indudablemente se ha reconocido que hay aspectos de la enfermedad que aún se desconocen y que se acompañan de criterios que aún nos falta definir con precisión. “Es un virus que está generando un cuadro clínico más amplio respecto a otros virus, pero de momento no hay información sólida sobre las secuelas que produce el coronavirus Covid-19”, cuando menos con la información con que contamos actualmente. Y es que, además de afectar al sistema respiratorio, se ha ido confirmando con la expansión de la pandemia que la COVID-19 puede provocar daños neurológicos. Así, según las investigaciones de la Sociedad Española de esta disciplina, un 80% de las personas que la han padecido se vieron afectadas por mareos, desorientación, cefaleas y pérdidas de los sentidos del olfato y el gusto, entre otras secuelas graves.
Las secuelas graves descritas actualmente incluyen síntomas neurológicos leves habituales en muchos individuos que han superado el virus, pero en ocasiones los efectos pueden ser más intensos y desagradables generando riesgos aun no conocidos que requieren ser individualizados por cada paciente. En este sentido se han detectado casos de ataques epilépticos, parálisis en las extremidades, inflamaciones de la medula espinal e incluso ictus. No obstante, estas secuelas más severas no son usuales y apenas afectan al 1% de las personas que han padecido coronavirus. Asimismo, los médicos especialistas en cardiología han alertado sobre los problemas que puede causar la COVID-19 en el corazón y en el aparato circulatorio, como el riesgo de infarto o miocarditis. Igualmente, el posible desarrollo de trombosis es otro de los efectos graves que pueden surgir en los casos más complicados. Esto último es lo que se ha reportado en diversos pacientes, que han tenido que ser hospitalizado en algunos casos con varios trombos en los pulmones y en una de sus piernas derivados del coronavirus.
A medida que se desarrolla la pandemia, hemos identificado que muchos órganos, además de los pulmones, se ven afectados por el Covid-19, y hay muchas formas en que la infección puede afectar la salud de una persona”, resaltan diversos informes que siguen cuidadosamente los efectos del organismo. Además, se ha comentado que, aunque la gran mayoría de las personas con Covid-19 se recupera favorablemente, algunos pacientes pueden tener síntomas por semanas o incluso meses, y esto no tiene que ver con la gravedad de su enfermedad, pues ha habido casos de personas con síntomas leves que a largo plazo manifestaron síntomas.
SECUELAS MÁS
COMUNES
1. Fatiga
2. Dificultad para respirar
3. Tos
4. Dolor en las articulaciones
5. Dolor de pecho
SECUELAS A
LARGO PLAZO
MENOS COMÚNES
7. Depresión
8. Dolor Muscular
9. Dolor de cabeza
10. Fiebre intermitente
11. Latidos rápidos (taquicardia)
SECUELAS
GRAVES A LARGO PLAZO POCO
COMÚNES
12. Cardiovascular: inflamación del músculo cardíaco
13. Respiratorio: anomalías en la función pulmonar
14. Renal: lesión renal aguda
15. Dermatológico: erupción cutánea, caída del cabello
16. Neurológico: problemas de olfato y gusto, problemas de sueño, dificultad de concentración y problemas de memoria
17. Psiquiátrico: depresión, ansiedad, cambios de humor.
Resulta también demasiado pronto para establecer si esas posibles secuelas identificadas son temporales o permanentes. En cualquier caso, estas son las secuelas más graves que puede dejar el coronavirus y que ya se han identificado en diferentes estudios. Los progresos en la investigación de vacunas que inmunicen contra el covid-19 y en tratamientos que atenúen sus efectos sobre la salud permiten vislumbrar un futuro esperanzador, pero todavía hay que estudiar y hacer seguimiento de las secuelas que puede dejar en personas que la han padecido. Algunos neumólogos indican que, si bien todavía es pronto para conocer cuáles serán las secuelas a largo plazo de los pacientes que hayan padecido una neumonía por covid-19, “la información disponible hasta el momento sugiere que la incidencia de secuelas respiratorias relevantes no será demasiado elevada y probablemente se limite a aquellos pacientes que hayan padecido las formas más graves de neumonía covid-19”.
Se considera que esta enfermedad “representa un reforzamiento del papel de la neumología y el neumólogo en la atención del paciente respiratorio agudo grave y en su seguimiento después del alta. Ha ampliado el conocimiento de la neumología y el neumólogo en la población general y su valoración por el resto de los especialistas”. Junto a las afecciones pulmonares, las coronarias están entre las más relevantes de las producidas por el coronavirus. Desde los primeros casos descritos de pacientes infectados por SARS-Cov-2, se han puesto de manifiesto implicaciones relevantes de la enfermedad en el sistema cardiovascular. “La afectación por covid-19”puede producir isquemia miocárdica por alteración en la oferta-demanda de oxígeno por insuficiencia respiratoria con marcada hipoxia, defecto de perfusión a nivel microvascular con eventual falta de permeabilidad vascular con vasoespasmo y estrés de pared endotelial con aumento del flujo coronario y rotura de la placa arteriosclerótica”. Junto a las afecciones pulmonares, las coronarias están entre las más relevantes de las producidas por el coronavirus Todo ello provoca un riesgo elevado para desarrollar un síndrome coronario, “así como un infarto agudo de miocardio tipo 2. Menos frecuente, o al menos con menor conocimiento en el momento actual, es el efecto directo del virus sobre el corazón”. La pandemia ha tenido un impacto relevante en estos pacientes, ya que ha sido muy significativo el descenso en el número de urgencias cardiovasculares en los hospitales durante los días de confinamiento. Todo esto ha generado un elevado número de infartos evolucionados en las semanas posteriores a la primera oleada con una afectación mucho más importante del corazón y que se asocian claramente a complicaciones agudas, o a medio o a largo plazo. Es importante remarcar que cada minuto cuenta, pues el retraso en el tratamiento del infarto conlleva un aumento de la morbi-mortalidad”.










