José Falconi
Ciudad de México
La poesía de Víctor Hugo López Cancino está escrita con voces aptas para la intimidad, con una modulación melódica que de manera sutil nos ofrece un mundo -sin duda erotizado- de visiones interiores que son la expresión, reflexivamente poética, de una angustia con dejos de amargura, pero también de una rebeldía existencial provocada por una peculiar pasión amorosa en que el objeto del deseo está en perpetua fuga, o bien ya del todo fugado.
El acertado título con tintes oximorónicos de este poemario, Evocar el olvido, desde un principio nos remite a una dimensión lírica de connotaciones metafísicas. Son tres palabras que abren la puerta al misterio de una vaga persuasión psíquica: ¿Cómo recordar aquello que hemos olvidado? Sólo a través del pensamiento imaginativo, poemático, en que una columna de asombro / calma el ansia que impide la fuga.
Evocando dioses del inframundo, pero también ígneos y solares, pero también de la atracción sexual y de “ámbitos geográficos” infra-terrenales, el poeta nos dice su dezir (así, con z, como fueron nombrados algunos textos poéticos y narrativos del siglo XV español, en el que el yo poético cuenta y canta un periplo emocional), en el presente poemario fragmentado en treinta estancias -o espejos textuales- en que Víctor Hugo López Cancino especula —porque el arte de la palabra creativa también consiste en ver nuestra realidad psíquica, nuestro sentimiento-creencia, reflejado en esos espejos textuales— con su metamorfosis metafísica que va de: Abro las puertas de la ausencia / y el reloj marca la hora del destierro, al renacimiento espiritual: Después de merodear en la penumbra, / después de sembrar desvelos / he de seguir cultivando el silencio.
¿Cómo se hilvana la evocación del olvido? Transformando el suceso de que nos acordamos en imagen que le dé permanencia intemporal y que fatalmente tendrá efectos sobre quien escribe y sobre quienes leyeren: Lo fugitivo permanece y dura, escribió Francisco de Quevedo.
Con Evocar el olvido, el poeta Víctor Hugo López Cancino pone su pica en Flandes. Nos ofrece un discurrir poético en un tono analítico que corre amalgamado a una densidad emocional y a una precisión lingüística y voluntad de estilo que logra imágenes contundentes: Arrojo al mar los costales de angustia / mientras el cielo pinta golondrinas.
Debo añadir que Evocar el olvido ha sido bellamente publicado bajo el sello editorial Historia Herencia Mexicana en colaboración con la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos y la Institución Cultural Internacional América Madre. Asimismo, la edición se engalana con dibujos -en la portada e interiores- del chiapaneco Donnet Osorio, quien merece una mención aparte, pues las treinta ilustraciones que aparecen a lo largo del libro constituyen una muestra del depurado talento de este joven artista.










