Poirier – McGregor 3: El final que no gusta a nadie

Cualquier combate en el que participe Conor McGregor crea una enorme expectación y es capaz de mover grandes bolsas de dinero. No podía ser menos el tercer episodio de la trilogía ante Dustin “The Diamond” Poirier. Si el primer enfrentamiento, en 2014, acabó con una rápida victoria del irlandés por TKO, el segundo encuentro, a principios de este año, equilibró la balanza con una victoria del de Luisiana en el segundo asalto.

Muchos consideraban que el segundo encuentro había tenido un mal resultado para “The Notorious” por falta de preparación y por subestimar a su rival, así que el público en general esperaba una revancha de gran nivel, con Conor habiendo enmendado sus errores de criterio y listo para contrarrestar a Piorier mediante su potente “striking”.  

El primer paso del irlandés para cambiar las cosas fue dejar de ser “el buen chico” en que se había convertido recientemente y caldear el ambiente con su clásico “trash-talk”, aunque esta vez cruzó algunas líneas del mal gusto al llevar su guerra a aspectos personales de su rival, que, por su parte, conseguía una ración extra de motivación para preparar el combate.

De la pelea en sí, poco hay que decir. Fue corta y, aunque McGregor consiguió conectar algún golpe certero, el americano parecía estar dominando el combate a través de sus potentes patadas, que tan buen resultado le dieron en la anterior confrontación, y un derribo que le permitiría controlar bien la segunda mitad del round. Pero justo antes de acabar el asalto, el irlandés consiguió levantarse y aquí llegó la sorpresa. Tras lanzar una patada y recolocar sus piernas, uno de sus tobillos se partió en una dantesca escena que hiela la sangre.

Ates de darse cuenta de lo ocurrido con su articulación y al verlo caer, Poirier se lanzó a finalizar a su rival, y el árbitro detuvo la pelea al considerar que había un TKO a favor del de Luisiana. Según declaró Poirier tras el combate, él noto como se quebraba el tobillo de Conor en alguna de sus patadas al inicio del round, pero aquel apoyo antes de la campana fue el que hizo que acabara de romperse. Durante su entrevista en el octágono, también aprovechó para despacharse a gusto contra su rival y calificarlo de “bolsa de basura” por los ataques personales que le había proferido los días previos.

De nada ha servido todo el afecto que otros deportistas le mandaron a “The Notorious”, desde los piques amigables con Cristiano Ronaldo, hasta los goles dedicados de Sergio Ramos, pasando por su compatriota, Fintan Hand, que llegó a afirmar que aspiraba a ser “el Conor McGregor de las cartas”. Cuando entras en el octágono, estás solo frente a tu rival, y hace tiempo que “Diamond” le perdió el miedo, incluso el respecto al irlandés. Llevaba largo tiempo preparándose, puliendo todas las esferas de la lucha, especialmente en lo que refiere al suelo, que muchos consideran el punto débil de Conor.

Su caída, de hecho, ha servido para que muchos que se la tenían jurada aparezcan ahora para ridiculizar su situación. El primero, el propio Khabib, que ha afirmado que el irlandés “está acabado” por su lesión y ha aprovechado para hacer una valoración negativa de su carrera. También su antiguo rival en el boxeo, Floyd Mayweather, ha querido reírse de él a través de un montaje fotográfico en el que aparece con la pierna rota. E incluso los tan mediáticos hermanos Paul han querido mofarse y degradarlo: uno de ellos ha afirmado que Conor no está a la altura de pelear con él.

Y aunque McGregor no se de por vencido en su contiendo contra Poirier y clame venganza, lo cierto es que el americano ya considera al irlandés como un rival del pasado y quiere centrarse en su asalto al título de los ligeros, ahora en posesión de Oliveira. Todo lo que necesita es una oportunidad, y si Dana White se la concede, no será extraño que pase al Olimpo de los vigentes campeones, junto a nombres como Moreno, Adesanya o Usman, por citar algunos.

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