The New York Times
Tara Parker-Pope
Es verdad que los cubrebocas funcionan mejor cuando todos los usan. Eso se debe a que la mascarilla que lleva una persona infectada detiene la propagación viral en su origen, al atrapar un gran porcentaje de las partículas infecciosas exhaladas por la persona. Así habría menos partículas virales flotando por el ambiente y cualquier partícula que logre escapar posiblemente sería bloqueada por las mascarillas de las otras personas.
Pero también hay suficiente evidencia que muestra que las mascarillas protegen a quienes las usan incluso cuando los demás van con el rostro descubierto. La cantidad de protección depende de la calidad de la mascarilla y de su ajuste. Durante un brote en un hotel en Suiza, por ejemplo, varios empleados y un huésped dieron positivo al coronavirus. Todos los contagiados que dieron positivo solo usaban escudo facial y ninguno de los que llevaban mascarilla se infectó.
“Los trabajadores de la salud, los científicos que trabajan con microbios malos y los trabajadores que tal vez están expuestos en su trabajo a partículas aéreas dañinas en sus labores se protegen con mascarillas especializadas como las N95, así que sabemos que las mascarillas bien ajustadas y de alta eficiencia funcionan”, dijo Linsey Marr, profesora de ingeniería en Virginia Tech y una de las expertas principales en transmisión viral a nivel mundial.
Tara Parker-Pope es columnista de salud, comportamiento y relaciones. Es la editora fundadora de Well, el galardonado sitio de salud para el consumidor del Times.










