El “dilema” de la Cultura, como Política Pública

Roger Heli Díaz Guillén

Chiapa de Corzo, Chiapas

La Cultura como ciencia, se construye a partir de la aportación de la Antropología en el siglo XIX con la definición de Edward Burnett Tylor en el año de 1971, siendo hasta el siglo XX cuando esta se asume como Política Pública en países y organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de donde México es parte desde hace 4 décadas en esta materia.

La Cultura ha transitado de los buenos modales y la grandeza del conocimiento, a verse como el contenido de la expresión humana construida a lo largo de la historia en territorios biodiversos que se han transformado en mundos bioculturales, ciudades y pueblos con hombres y mujeres que necesitan comunicarse, expresarse y convivir en un ambiente de respeto y reconocimiento de la diversidad cultural; que ha permitido como ciencia explicar formas de vida y desarrollo de la pluriculturalidad del mundo.

La Cultura se empezó a atender por los Gobiernos Liberales como parte transversal de la Educación Pública, para pasar a institutos y consejos que aportaron mucho a la promoción de nuestra existencia cultural en México y el mundo. Hoy, el dilema es atender lo que representa la Cultura para la vida de los Pueblos y Comunidades Indígenas, Ciudades y Pueblos Históricos, desde lo social, económico, político, norma comunitaria, autodeterminación, derechos humanos y vida pública.

La Cultura, desde el siglo pasado es un tema de política de puestos y cargos que no ha permitido atenderse como fuente de Expresiones Culturales Tradicionales: arquitectura, paisajes culturales, formas de vida y convivencia social, que han quedado expuestos al manejo e intereses de la Industria Cultural de Bienes y Servicios Turísticos, que ha venido transgrediendo la identidad, causando daño moral y patrimonial, careciendo México y Chiapas de marco jurídico apropiado y condiciones de ejercicio e intervención social, mucho menos de Políticas Públicas apropiadas para su salvaguarda, que inicien por identificar nuestras particularidades y grandeza cultural; promuevan la legitimación de los pueblos y comunidades como dueños de los patrimonios culturales, para aspirar a su registro que vincule el derecho a la cultura y el derecho de la cultura, como interés y parte de la vida pública.

El marco de referencia problematiza la vida cotidiana en un recorte de nuestra realidad, la Cultura, que forma parte de nuestro ser social, espacio, expresión, actitud, movilidad, quehacer, creatividad y vida diaria; buscando motivar el interés y comunicación en la Sociedad Civil para proponer y opinar en un asunto de trascendencia que los ciudadanos podemos transformar en Interés Público. Es un Dilema para los Gobiernos su atención. Hoy son tiempos de trabajar con el Pueblo y para el Pueblo, lo dice ya saben quién. La Cultura no requiere de transformación, porque su grandeza radica en su originalidad, continuidad y sostenibilidad. El Arte es continuidad, expresión y belleza. Abro hilo.

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