Milenio / Violeta Moreno
Según las leyendas, para los antigüos mayas los cenotes eran lugares sagrados, eran vistos como la puerta al inframundo; incluso para ellos su Dios de la lluvia, Chaak, habitaba en las cuevas y los cenotes.
Cenote es una derivación de la palabra maya Ts’onot o Dz’onot, que significa cosa honda, abismo, profundidad, caverna con depósito de agua.
Los mayas dejaron la creencia de que al morir, las personas recorrían un largo camino hacia el mundo de los muertos, Xibalba. Este mítico lugar, donde se encuentran los dioses, se ubica físicamente en el subsuelo terrestre y bajo el agua, que también es conocido como el inframundo.
Visitar Yucatán es aprender más sobre nuestros antepasados, cultura e historia, y los cenotes son una parada obligatoria, pues te transportan a otra dimensión, generando una sensación de paz.
Hacienda Mucuyché
Construida en el siglo XVII, esta hacienda pertenecía a la familia Peón, cuyas actividades principales eran la agricultura, la ganadería y también la plantación de henequén. Entrar, recorrer sus jardines y estructuras es vibrar en una energía mágica que te traslada a otra dimensión, entre la vegetación, la historia y su arquitectura; ahí hay dos cenotes con agua dulce cristalina.










