Hernán León Velasco
5.- Tolerancia al aburrimiento
Al igual que hay que saber estar solos de vez en cuando, cierta dosis de aburrimiento en la vida debe ser tomada como inevitable e incluso necesaria para una existencia normal. Cierto: estamos entrenados para lo contrario, para hacer y producir sin parar, para que el ruido no deje lugar al silencio y las agendas llenas no dejen espacio para los vacíos insulsos. Pero no hay nada de natural en eso: moverse es natural; hiper-actuar porque no soportamos el vacío, no tanto. Tolerar el aburrimiento no quiere decir que nos conformamos con llevar vidas vegetativas e insípidas, sino que no entramos en caos ni angustia solo porque no tengamos “nada que hacer”.
Es incómodo, desde luego, pero no es tan terrible si lo entendemos como una oportunidad para descansar, para hacer algo que hemos estado posponiendo, para ir más despacio o para dar rienda suelta a la imaginación y la creatividad. Recuerda: no es muy saludable que tu vida se convierta en una huida sin cuartel del aburrimiento.
6.- Buen estado de ánimo
Un buen estado de ánimo no quiere decir estar todo el día como unas castañuelas o de chiste en chiste. Podemos ser personas serias, sobrias y discretas y, por supuesto, tener un ánimo excelente. Más bien podríamos definir la cuestión por eliminación: dentro de la idiosincrasia de cada individuo, un buen estado de ánimo o de humor, consiste en no estar permanentemente amargado, triste, enfurruñado, melancólico o tenso. Entre otras cosas. Quienes están así, claramente no están en su mejor momento de salud mental.
7.- Predominio de tranquilidad sobre preocupación
En relación con lo que acabamos de decir, podemos afirmar que un indicador -entre otros muchos a tener en cuenta- de buena salud psicológica, es la tranquilidad del ánimo. Tranquilidad es lo que sentimos cuando las cosas están hechas, cuando tenemos confianza en el futuro y, sobre todo, cuando no pretendemos controlarlo todo ni vamos percibiendo amenazas o problemas detrás de cada esquina. Tiene que ver, por tanto, con la confianza; pero también con la seguridad, es decir: con la ausencia de miedo. Por supuesto, también está relacionada con no tener una activación interior (la palabra técnica es arousal -excitación-), demasiado elevada de manera sostenida, lo cual sería propio de un nivel excesivo de ansiedad.
8.- Ajuste biográfico
Cuando hablamos de salud mental -es decir, de bienestar psicológico- podemos describirlo también en términos existenciales, observando qué relación tiene la persona con los tres tiempos de su vida. Sean cuales sean las circunstancias, si asumo mi pasado como lo que fue y no puedo cambiar; si pongo mi atención en mi presente, como el momento sobre el que tengo control acerca de las cosas que me ocurren; y tengo una visión optimista y confiada respecto a mi futuro, es muy probable que me encuentre más bien que mal conmigo mismo y con el conjunto de mi vida hasta donde soy capaz de observarla.
Serenidad es lo que sentimos cuando las cosas están hechas, cuando tenemos confianza en el futuro y cuando no pretendemos controlarlo todo ni percibimos problemas detrás de cada esquina.
Por el contrario, vivir melancólicamente mirando atrás o desalentado por lo que ha de venir, mientras mi presente solo es una pequeña tortura cotidiana en la que voy tachando días, parece que apunta en la dirección de mala salud mental, es decir: de poco bienestar.
9.- Capacidad para disfrutar
Como decíamos: al hablar del humor o del estado de ánimo, personalidades hay de muchos tipos y también maneras de disfrutar.
Disfrutar de la vida, en general, es un signo de buena salud y no disfrutarla es un signo de mala salud; eso ya lo vemos más claro. Disfrutar no quiere decir encontrar placer en cualquier cosa ni a cada momento.
Quiere decir que la persona conserva la capacidad de apreciar la belleza, el talento y la calidad de las cosas, dentro de sus gustos, intereses y capacidades. Cuando nada nos parece bien, ni divertido, ni sabroso, ni apetecible, ni interesante, entonces debemos empezar a pensar que nuestra salud mental se está resintiendo.
10.- Autoestima sana
No podíamos acabar un artículo sobre señales que nos indican, a grandes rasgos, la presencia o ausencia de salud mental, sin hablar de una de las joyas de la corona de este tema: la autoestima.
Es importante resaltar que no estamos hablando de autoestima alta ni de autoestima baja, sino de autoestima sana. Es decir: en una medida que permita al individuo vivir con normalidad y tener relaciones saludables (ten claro que ir por la vida creyéndose el rey del mundo o del mambo o la reina de los mares, no ayuda en absoluto a lograrlo).
Una autoestima demasiado alta puede ser un indicativo de narcisismo, mientras que una autoestima demasiado baja suele estar asociada a trastornos del estado de ánimo, entre otras cosas. Por eso es importante no pasarse ni por arriba ni por abajo, y tampoco fiar todo nuestro bienestar subjetivo a estar absolutamente encantados de conocernos: podemos no estarlo en absoluto y, sin embargo, asumir lo que somos, disfrutar de la vida y no establecer relaciones dependientes.
Lo importante es que pase lo que pase, sepamos observarnos y sobre todo, cuando detectemos que nuestra salud mental se resiente, ponernos en manos de un buen profesional, es decir: un psicólogo de verdad que pueda ayudarnos a reajustar esa situación.










