Directo al Paladar
Hoy en día cuando escuchamos la palabra “té verde”, lo más probable es que nos vengan a la cabeza todos los beneficios para la salud relacionados con esta bebida. Sabemos que contiene una gran cantidad de antioxidantes que pueden ayudar a reducir el riesgo de accidente cerebrovascular o evitar ciertos tipos de cáncer. Sin embargo, el té verde no siempre gozo de una fama positiva.
Durante muchos años, el único efecto conocido del té verde era su capacidad para hacer alucinar a las personas. De hecho se preocupaban menos por los peligros de la cocaína que por los efectos negativos del té verde.
Al parecer está idea se originó en la época victoriana cuando la revista médica Lancet publicó un estudio haciendo énfasis en los efectos negativos del té verde, incluyendo problemas estomacales y palpitaciones del corazón. En el artículo se citaba a una mujer escocesa que se puso histérica después de beber té verde con el estómago vacío. Curiosamente los médicos la calmaron administrándole opio.
Hoy en día podemos decir con toda seguridad que la reputación del té verde ha sido reivindicada. La ciencia ha demostrado que el té verde está lleno de antioxidantes, ayuda a disminuir el colesterol y a prevenir enfermedades cardiovasculares. También se le ha visto que su consumo incrementa la quema de grasa, especialmente durante el ejercicio.










