Una vida con vida…Yolanda Molina Quiñones
Jorge Éver González Domínguez/Chiapa de Corzo, Chiapas [email protected]
Aurea Yolanda Molina Quiñones, es originaria de Tuxtla Gutiérrez, inició su vida con gran sensibilidad en las artes plásticas, fue empleada de gobierno por mucho tiempo, sus pasos siempre han sido una poesía.
Hija de maestra, la escritora estudió los primeros años de educación primaria en el municipio de Jiquipilas, al llegar a la capital chiapaneca, se incorporó a la “Prevo”.
Desde que su maestra de la primaria le dejaba que hicieran frases para sus planas como tarea ordinaria, desde ese momento se sintió escritora. Recuerda que fue la Mtra. Yolanda Gómez Fuentes quien le daba algún taller para mejorar su pluma, ahora ha encontrado su estilo con palabras que le salen del alma.
Desde entonces escribe como un oficio, porque es la forma que el poeta se hace profesional.
Estudió Artes Plásticas en la escuela del estado (INBA).Obtuvo el primer premio con la obra “Paisaje de Tuxtla”, en la Feria Internacional de Tapachula, 1965.
Pertenece a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos A.C., a la Institución Cultural Internacional América Madre filial Tuxtla Gutiérrez, al Grupo Cultural Décima Musa, al Seminario de Cultura Mexicana, al Movimiento Ciudadano por la Voluntad de la Cultura y a Poetas del Mundo.
Es autora de los libros: Desde entonces soy otra, La palabra incendiada, A que seguir buscando paraísos; su obra poética se ha incluido en antologías como: Poesía en voz alta, Sólo tengo el viento de un lápiz, Vertiente de palabras, Escalando horizontes, Vientos de otoño, Al filo del gozo, Viento al hombro, Cuando sopla el viento, Voz de los vientos, Letras para Chiapas, Universo poético de Chiapas, Chiapa es su nombre, Al otro lado del sendero, Volverá la luz, entre otras.
Lumbre
Se va todos los días,
mientras quedo entre hierros,
sin voz,
petrificada.
Su fuego me consume,
es un infierno diario
y el potro del dolor reanuda la tortura.
Flores de invierno acechaban mi ventana,
la necia soledad cubre el camino,
sello de muerte la palabra aquieta,
no hay retorno posible, ni quietud,
sólo este veredicto:
arderá para siempre en tu costado.
La poeta convierte su sonrisa en la poesía más pura, brinda su amistad como la perla más fina y vierte su arte en los reglones de la literatura chiapaneca. Escribe en los pliegues de la tarde, es un candil prendido en el corazón de los amigos y su estrofa, semilla que germina en la campo de las letras.
Con tu nombre…
En tus manos estoy.
Señal de ese camino, tu palabra.
Tiembla mi corazón por llegar a tu orilla.
Dos carbones ardientes me persiguen,
son dueños de mi espacio,
río de dolor hunde al deseo.
Mas tú sobre todas las cosas, te proyectas, llamas, exiges.
Después sólo agonía,
amor martirizado,
brazos en cruz se quedan suspendidos.
Hojas de doble filo penetran al corazón con tu nombre grabado.










