Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Pastor de estrellas
Para mi hija Violeta en su cumpleaños
He vuelto a mirar el cielo,
aquel azul infinito
buscando una señal,
quizá un guiño
que me confirme tu existencia.
Nada importan los desvelos,
el insomnio, o la ansiedad
de conocer tu nombre,
de descubrir el color de tu piel
y tu mirada dulce, desafiante.
La intuición me dice
que existes, allá
en lo infinito del universo
y solo el pensamiento puede
penetrar lo insondable.
Sé que eres diferente,
que tu belleza es terrible
y que mis ojos humanos
aprenderán a mirarte.
Hoy soy pastor de estrellas,
todas las que habitan la noche
y que viven en la inmensidad
de la conciencia.
Sé entonces primavera.
La tarde grita tu nombre
y forma un torbellino
con tus aromas.
Los campos te visten de verde
un verde esmeralda con fragancia
a lavanda.
El viento ondula tus cabellos,
ondea tu falda y dibuja tus caderas.
En ese espacio lleno de sonidos
tu voz canta acompasada de grillos.
No soy yo quien solo te mira
también el río te canta.
Vuelve a esos valles, a esas laderas
secas de tanto esperar,
Sé entonces primavera
para que el verde vuelva a imperar.
Enrique Flores Amastal










