Una Ventana Literaria

Mariel Armendáriz

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez [email protected]

ECOS
“Desperté alarmada y con el latir del corazón retumbando en mis oídos. La oscuridad envolvió mi cuerpo. Mi mente, obnubilada, trató de entender cómo llegué aquí.
Recuerdo poco, siento mucho, parece que me arrebataron una vida entera antes de llegar a este sitio donde únicamente habitan sombras.
Hace un par de noches, descubrí que el olvido se aferró a mi mente como un cáncer que me consume lento; descubrí también que mi alma se apaga y que probablemente sea tarde para salvarla. Es por eso que hurgué en la poca memoria que me queda, deseando encontrar algún recuerdo o el motivo por el cual esta lóbrega Luna, es ahora mi hogar. En seguida, ráfagas de ti, invadieron mi visión, recordé tus ojos pero no su brillo, tus labios pero no tu voz, el eco de una risa que se apaga… ¡Maldito olvido! Ahora lo entiendo, me dejó el momento de mi deserción para recordarlo previo a la muerte.
Sé que fui cruel al irme sin dejarte un “adiós”, sin esperar una réplica a mis decisiones. Fui cobarde, lo lamento… Me fui para salvarte o tal vez solo fue mi egoísmo. Hoy me arrepiento por no aferrarme a tu esencia una última vez, por lastimarte, por lastimarnos, por no dejar que tus manos me atraparan al caer.
Debo admitir que creí que hallaría el camino de retorno a tus brazos. Lo intenté, no pude, me perdí…
Parece que estoy pagando la condena por cada error que cometí y no me rehúso a ello aunque por ahora creo que no seré capaz de cumplir con la sentencia ya que mi estado no es alentador, mi alma se cae a pedazos; no queda mucho de mí. Quisiera creer que seré como un ave fénix que regresa de las cenizas, pero yo no soy esa. Tal vez por eso hoy lloro al vacío y me doblego ante esta soledad buscada y encontrada. Aunque agonizante, aún mantengo la esperanza de hallar en tus labios el indulto.
Hacia mi último aliento, quisiera gritar que no te olvido pero intuyo que todo será en vano, seguramente mis lágrimas nunca lleguen a ti. Nada importa ya, el tiempo se agota y todo lo que me queda por decir es “perdón”…
La cabeza me daba vueltas gracias al ruido que emitía el aparato, me levanté de la cama para apagar la radio cuando percibí una palabra. Dudé, sin hacer ruido, me acerqué poco a poco a la bocina, salté de susto cuando escuché “Muero y no sé dónde estoy…”. Era una voz lejana y cansada. Subí el volumen y busqué un lápiz y papel en la mesita de noche, “…desperté alarmada y con el latir del corazón retumbando…” siguió la voz, mientras yo trataba de escribir todo lo que alcancé a oír. A ratos, las lágrimas corrieron por mi mejilla, la nostalgia aumenta con los años.
Hoy desperté con la carta en la mano y el recuerdo de un amor incierto vagando en mi memoria. Pensé también en la mujer de anoche, tan triste y sola como yo, hablándole a alguien que seguramente no recibió su mensaje. Su destinatario tenía que saberlo, pero no encuentro la manera de llegar a un desconocido, por eso decidí enviarlo al periódico de mi ciudad, con suerte alguien por alguna razón está esperando este mensaje.

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