Era arcabucero en la Guerra de las Alpujarras (1568-1571)
Primera de dos entregas
Se ignora cuándo Miguel regresó de su primera expedición militar de Flandes a su «dulce España», pero sin la menor duda se enfrentó a una nueva realidad, es decir, estar en la Guerra de las Alpujarras, segundo levantamiento contra la Corona de Castilla, después del primer estallido de la rebelión de las Alpujarras (1499-1501), en el que intervino su abuelo paterno Juan de Cervantes. Fue como un sueño hecho realidad, a Miguel y a Rodrigo se les brindó la intervención en «la guerra a fuego y a sangre».
Aunque algunos eruditos se diferenciarán con mi punto de vista, es difícil imaginarse que Miguel no tomó parte en la Revuelta Morisca, sabiendo que a su tío paterno, Andrés de Cervantes, le correspondió «la organización de las fuerzas de Cabra que había que enviar a la llamada Guerra de Granada» (A. Moreno Hurtado, Los Cervantes…, 58) según el mandamiento del 22 de enero de 1569, firmado por la duquesa María en Baena, dirigido a los Concejos, Justicias y Regimientos de Baena, Cabra, Rute e Iznájar, y ordenado por el III duque de Sesa Gonzalo Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba (1520/21-1578), que reza que «para el socorro de la Alpujarra, vaya de este Estado cincuenta lanzas y trescientos arcabuceros y ballesteros; han de ir de esta villa veinte lanzas y cien arcabuceros» (ibid., 61-62).
Gracias a otros dos nuevos testimonios del excelente investigador Moreno Hurtado, se documenta que el miércoles 26 de enero de 1569, el alcalde Andrés condujo la reunión tocante a la preparación militar de la Guerra de las Alpujarras y el sábado 29 de enero se celebró «un Cabildo, encabezado por Andrés, y se acordaba notificar a cuantiosos, arcabuceros, ballesteros, piqueros y demás gente de guerra, con un plazo de diez días para acudir con sus armas y caballos» (ibid., 60).
A mi manera de entender, Cervantes no solo tuvo su primer bautismo de fuego durante la rebelión de los moriscos de la Alpujarra granadina, la quinta columna de los turcos, donde era arcabucero con su hermano Rodrigo, sino también conoció a sus amigos y futuros comandantes, verbi gratia, al poeta Diego Hernando de Acuña (1520-1580), capitán de los tercios de Flandes y veterano de las campañas de Túnez e Italia; al poeta Luis Barahona de Soto (1548-1595); al poeta Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575), quien luchó al lado del III marqués de Mondéjar Íñigo López de Mendoza y Mendoza (1512-1580); al escritor Juan Rufo Gutiérrez (1547-162); al escritor Luis Gálvez de Montalvo (1549-1591); al VI señor de Higares, Fernando Álvarez de Toledo (1553-1638); al capitán Pedro de Lodeña; al I conde de Santa Gadea, Martín Padilla y Manrique (1540-1602), quien participó en la batalla de Lepanto, tomó parte en la defensa de Lisboa contra el vicealmirante Francis Drake (1540-1596) en 1589, y dirigió la invasión española de Inglaterra en 1597, para quien Miguel trabajaba como comisario regio en Andalucía; al militar Pedro de Padilla y Meneses (1533/34-1599), capitán de infantería en Flandes y maestre de campo del tercio nuevo de Nápoles, quien estuvo a las órdenes de don Juan de Austria (1547-1578) en las Alpujarras, intervino en Battaglia di Lepanto, entró en la expedición bélica en Navarino y se destacó en la toma de las islas Terceras; y al poeta madrileño Pedro Laínez (1538-1584) y su hermano Bernardino de Ugarte.
De acuerdo con el benemérito historiador Antonio Cruz Casado, Académico Numerario de la Real Academia de Córdoba, Cervantes declaró que su amigo Tomás Gutiérrez «había participado en la guerra contra los moriscos de las Alpujarras» (A. Cruz Casado, Miguel de Cervantes…, 37), lo que comprueba el dato del 17 de mayo de 1570 que dice que «escritura que otorgó Lorenzo de Córdoba, calcetero, sustituyendo en Andrés Rodríguez Valderrama el poder que tenía de su hijo Tomás Gutiérrez para cobrar de Acisclo de Montemayor y de sus consortes los cuatro ducados que debían pagarle mensualmente por servir en su lugar en la guerra de Granada» (L. Astrana Marín, Vida…, II-342).
En mi concepto, apoyándome en la documentación fidedigna, Miguel profesó en el tercio de Costa de Granada, llamado tercio viejo de Granada, nacido a raíz del sublevamiento de los moriscos en el antiguo reino de Granada en febrero 1569 bajo el mando del maestre de campo Lope de Figueroa y Barradas (1541/42-1585).
Pese a ello, lo que sí realmente sorprende es que ningún biógrafo cervantino dedicó un estudio detallado a la oportuna cooperación de los hermanos Cervantes en el aplastamiento del levantamiento alpujarreño, y que dichos nuevos documentos de capital importancia, descubiertos por el excelente historiador Antonio Moreno Hurtado, Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba, fueron dejados en el tintero por los cervantistas…
Continuará.










