Francisco García Ramos

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez [email protected]

La congeladora

El día 13 de octubre del año de 2017, recordaba Jesús en el comedor de la empresa en la cual trabajaba desde hacía 10 años, en Houston, Texas, aquellos tres días que con hambre, sed y miedo cruzó la frontera, en cómo se salvó de la mordedura de una víbora venenosa a la cual pisó en la cabeza, en los dos cadáveres putrefactos y las muchísimas cruces que vio en la ruta y en cómo el coyote, abusando de su fuerza, abusó impunemente de las dos jóvenes mujeres que iban en el grupo de migrantes.
Eran las 17 horas cuando checó su salida en el reloj checador, saliendo al estacionamiento de la fábrica a buscar su camioneta. Cruzó rápidamente la ciudad y abordó la carretera interestatal que lo llevaría a Jacinto City, donde había comprado desde hacía 5 años una pequeña casa. Recorrió los 14.1 km. que lo separaban de la salida de la ciudad de Houston, Texas, a Jacinto City, salió del free way cuando de pronto se topó con un retén policial, le indicaron que se bajara de la camioneta, le pidieron que se identificara y como no tenía documentación ya que era un inmigrante indocumentado, inmediatamente lo esposaron de las manos y de los tobillos, como si fuera el peor de los criminales.
Al otro día lo trasladaron cerca de la frontera con México en un centro de detención para inmigrantes, lo encerraron en un cuarto de cuatro por cuatro metros, sin ventanas, donde solo tenía un inodoro y un lavabo, no pudo bañarse ni cambiarse de ropa. Estaba iluminado con una gran lámpara que no apagaban nunca. Sufrió mucho frío, debido a las bajas temperaturas causadas por el aire acondicionado que funcionaba al máximo. Siempre tenía hambre porque solo recibía tres sándwiches de mortadela: uno para el desayuno, otro como comida y otro en la cena.
El día once de enero de 2018, por fin lo trasladaron a la mitad del puente de las poblaciones de Brownsville, Texas y Matamoros, Tamaulipas, diciéndole el policía norteamericano: ‘Espero que te haya servido de escarmiento para que no vuelvas jamás a pisar territorio de los Estados Unidos’.
Cuando pisó tierra mexicana preguntó el día que era y calculó que estuvo 90 días detenido en “la congeladora”, sufriendo hambre y frío. Ahora Jesús tenía sentimientos encontrados: por un lado estaba acongojado por perder el sueño americano y por el otro estaba feliz, porque vería su tierra llena de luz, color y calor y sobre todo porque vería otra vez a sus queridos padres.

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