Beneficio de la duda, trato a los delincuentes

El eterno cruce de declaraciones que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sostiene prácticamente todos los días con sus adversarios, ha ocasionado que fije algunas frases que para muchos son cuestionables, pero para él son totalmente defendibles y de las cuales, asegura, el tiempo le dará la razón.

El mandatario acoge a ultranza su dicho popular sexenal en la lucha contra la delincuencia organizada, que hay que enfrentarla con “abrazos y no balazos”, una frase que ha provocado que se realicen cientos de memes en contra, principalmente porque en lugar de que los delitos delincuenciales disminuyan las estadísticas crecen como la espuma.

Previo a su gira de trabajo el fin de semana por el llamado Triángulo Dorado, cuna del Cártel de Sinaloa, Durango y Chihuahua, dominado por Ismael “El Mayo” Zambada, Los Chapitos y Rafael Caro Quintero, López Obrador fue cuestionado por haber dicho que esta zona debe llamarse “el Triángulo de la Gente Buena y Trabajadora o la Región de la Buena Vecindad”.

El problema no es cómo se llame, la interrogante que miles de mexicanos se hicieron es por qué el apapacho y no enfrentar a las bandas criminales con una estrategia donde se aplique la ley a los infractores. La ciudadanía, sobre todo la que ha sido afectada por estos grupos, no coincide con que se priorice el respeto a la dignidad humana de los delincuentes, sino que se les enfrente, se les detenga y se les castigue conforme a la ley, siempre, eso sí, respetando sus derechos humanos.

La fe ciega que el Presidente manifiesta para no hacer uso de las fuerzas armadas para combatir al narcotráfico y priorizar los abrazos, trae más preguntas que respuestas, aunque no hay que descartar la convicción que muestra el mandatario.

A estas alturas, no extraña que el Presidente desestime lo que se difunde en los medios de comunicación. Varios periódicos y portales digitales dan cuenta de la odisea que vivieron los periodistas acreditados cuando viajaban a uno de los eventos de AMLO a celebrarse en el municipio de Badiraguato. Un grupo armado sin identificarse los detuvo en un retén improvisado, los cuestionó, revisó el vehículo y las pertenencias de los reporteros en busca de armas y tras no darles una explicación ni identificarse, los dejaron proseguir su camino.

Este hecho, como muchos por los que han sido testigos los compañeros periodistas, son parte del oficio, por ello el mandatario no debe descalificar ni insinuar que haya sido un invento. Además de que ni AMLO ni su gente lo pudo corroborar, pues en esta ocasión él viajó en un helicóptero acuerpado de los militares. Su recorrido por la zona “gobernada” por el narco fue por aire.

“Hicieron un escándalo por el retén”, dijo el presidente en la mañanera de este lunes y de nuevo arremetió con el pasado: no tengo acuerdos con la delincuencia porque no soy el expresidente Felipe Calderón, quien pactó con el crimen organizado a quien permitió que hubiera masacres, dijo.

Independientemente de lo trascendente de este embrollo que mantiene la atención de los mexicanos, lo que hace ruido o no coincide, es que se deje de lado la opinión de quienes han sufrido pérdida de un ser querido a manos de las bandas criminales que controlan Sinaloa y gran parte del país.

No debe dejarse de poner atención a las críticas de que el gobierno tiene miedo enfrentarse a los grupos criminales o de que su actuar es de complicidad. Los señalamientos que le hacen a la envestidura presidencial de que está confabulado con el crimen organizado, son graves y por ello, debe cambiar el chip con el que se dirige a los delincuentes.

Un elemento que integra el crimen organizado no puede considerarse un hombre bueno si asesina, si descuartiza a su adversario, si lo martiriza hasta quitarle la vida. La interpretación de que son buenos quizás se confunda que este trabajo delincuencial lo desempeñan como cualquier trabajo burocrático. Y sí, en la interpretación está el problema.

El presidente López Obrador expone confiado que la forma en que está enfrentando a quienes comercializan drogas y destruyen la vida de millones de jóvenes es la adecuada, pues la violencia no puede combatirse con más violencia. Lo dijimos al principio, si el mandatario cree que su propuesta de abrazos y no balazos será la respuesta a su política de regenerar el contorno del mundo violento, entonces nos quitamos el sombrero y tendrá loas que lo empoderarán como el mejor Presidente de México.

De no hacerlo, la misma historia y los mexicanos lo castigarán y lo pondrán en el banquillo de los acusados. Lo que es cierto es que la confianza del pueblo es que se acabe de tajo esta guerra sin cuartel que generan las organizaciones criminales. El beneficio de la duda lo tiene, pero para ser sinceros, creemos que, en este tema de seguridad nacional, la forma en que se intenta resolver los casos de asesinatos, así como la comercialización de droga, se controlará cuando la autoridad gubernamental se decida a combatir el crimen con otras estrategias, que no necesariamente es la violencia. Al final, como lo dijimos, el tiempo pondrá a cada quién en su lugar.

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