Mindfulness: Estrategias de afrontamiento y desarrollo de conciencia
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas lcalderó[email protected]
Estudios recientes definen a la meditación como un proceso de autorregulación atencional y un estado de conciencia ampliada, o como una estrategia de afrontamiento basada en una focalización emocional que permite el desarrollo de la conciencia del momento presente, en lugar de la preocupación por el pasado o el futuro. Conceptualmente, se definen al menos tres grandes modalidades de meditación según su proceso: de atención, de concentración, de integración.
Según el proceso atencional, se puede hacer referencia a la focalizada en el campo global (o atención de ángulo amplio) como la meditación mindfulness, a la focalizada en un objeto específico dentro de un campo (atención restrictiva) como en la meditación concentrativa, y alternando ambas modalidades como en la meditación integrativa.
Las dos modalidades básicas: la concentrativa o restrictiva y la mindfulness o abierta-expansiva, difieren en su aproximación hacia estados alterados de conciencia (concentrativa) o expansión de la conciencia (mindfulness), observando el proceso mental “sin dejarse llevar por éste”. Por su parte, la Meditación Trascendental y la Meditación Zen, serían modalidades integrativas de ambos procesos atencionales.
En la literatura, se refiere que Mindfulness es un constructo de difícil definición, ya que es un proceso de estar presente y que gracias a ello permite nuevas distinciones, como una gran sensibilidad al ambiente en torno a uno mismo, mayor apertura a información nueva, creación de nuevas categorías para estructurar el proceso perceptivo y una conciencia enriquecida de múltiples perspectivas para la resolución de problemas. Como facetas de mindfulness, se incluyen: actuar con conciencia, observar sensaciones, percepciones, pensamientos, sentimientos.
La práctica en Mindfulness consiste en poner atención en una forma particular al momento presente, con intención y una actitud desprejuiciada y se puede realizar como una práctica formal (en un contexto especial de meditación) o informal en la vida cotidiana. Al regular la atención se produce un vínculo entre la percepción, apreciación de los estímulos sobre lo que acontece en ese presente vivido, lo cual puede llevar a una mejor estrategia para producir cambios en el comportamiento y reducción de la reactividad presente en el estrés.
Efectos psicosociales beneficiosos de las técnicas y programas de meditación y mindfulness se ha evaluado, en particular en el estado de ánimo, indicadores de calidad de vida y bienestar psicológico, autoestima y autoeficacia, en el proceso visioespacial e imaginería, en la atención y concentración, en el Desorden de Déficit Atencional, burnout laboral y en la inteligencia, funcionamiento intelectual y memoria.










