Muerte del Doctor Rodulfo Figueroa Esquinca

Roque Gil Marín Vassallo
Comitán, Chiapas
El sempiterno y colosal poeta del “Verso Taciturno” y de “La Prosa Tremolina”, el inolvidable médico “de los Remedios Pueblerinos”, doctor Rodulfo Figueroa Esquinca, nació el veraniego y soleado 4 de agosto de 1866, en la hacienda llamada “Santiago”, propiedad de sus señores padres, don Esteban Figueroa y doña Cecilia Esquinca, que gozaban de un alto aprecio tanto en su lugar de origen -que era el entonces pueblo de Cintalapa, Chiapas, hoy de Figueroa en Honor a su hijo más preciado: Rodulfo- como en los más altos círculos sociales y políticos del estado de Chiapas.
Fito, como cariñosamente le decían sus padres y amigos, desde su más tierna edad demostró sobradas cualidades espirituales y una muy alta capacidad intelectual, por lo que fue enviado a estudiar a Tuxtla Gutiérrez, cuando aún no era la capital del Estado, en la entonces más reconocida escuela del maestro Juan Benavides, donde fue discípulo del reconocido mentor, Prof. Enrique Merchant. Luego se dirigió a Tonalá, en la Costa de Chiapas, donde se embarcó en Puerto Arista, en el buque que lo trasladó al Puerto de San José, en Guatemala, para continuar su viaje a la capital de este país centroamericano, donde se inscribió en el Instituto Central de Guatemala, graduándose de Bachiller en 1885.
A finales de 1886 viajó a la Ciudad de México, para iniciar estudios de Médico Cirujano y fue entonces que se relaciona con los poetas más encumbrados de América Latina, como lo son: Ignacio Manuel Altamirano, Justo Sierra, José Peón Contreras, Manuel José Othón, Juan de Dios Peza y Manuel Gutiérrez Nájera, que lo auxiliaron en la publicación de sus primeros versos en la revista Juventud Literaria, en 1888.
Por motivos de salud regresó a Cintalapa a recuperarse de sus males y, cuando superó esta difícil etapa, sus padres decidieron enviarlo a estudiar a la Escuela de Medicina de la Universidad de San Carlos, en Guatemala, en la que se tituló de Médico Cirujano, recibiendo su Título de manos del entonces Presidente de la República de Guatemala, Dr. José María Reina Barrios y lo condecoró con la Medalla al Mérito, el 21 de octubre de 1893.
Siendo pasante de medicina, durante una lección de cirugía, Rodulfo tuvo una de sus múltiples inspiraciones que lo llevaron a escribir uno de sus poemas de mayor impacto sentimental, que le produjo el cadáver de una joven y hermosa mujer, a la que no quiso tocar para la amputación del seno, argumentando que “Esa operación se me ha olvidado”, surgiendo su bello poema titulado “Por el Arte”.
Estando ya en Cintalapa, un buen día del año 1895, se presentó a su consultorio un paciente de nombre Fernando Ramírez, que provenía de Juchitán, Oaxaca. Este señor vio que había una guitarra colgada, la que tomó y se puso a cantar una bella melodía que, al ser escuchada por el doctor Figueroa, “Lo jaló poderosamente” y luego de atender al paciente, le pidió que le tocara completa esa bella melodía que el paciente le dijo que se llamaba “La Sandunga” y que en su tierra era como un himno de su pueblo zapoteca. Esta melodía llevó a Rodulfo a escribir su bello poema epónimo, que lo llevó a la fama en todo el continente americano.
Rodulfo Figueroa interpretó fielmente el alma y la voz de su pueblo, lo que lo convierte en un poeta costumbrista y romántico. Nadie antes que Rodulfo Figueroa, retrató con tanta fidelidad las estampas del cielo chiapaneco, lo verdi-azul de nuestras montañas, ni le cantó con sencillez y naturalidad a la naturaleza y al amor.
Víctima de un maligno tumor cerebral, el más romántico de los poetas chiapanecos, que transformó la métrica y la metamorfosis de las letras y de la poética que hasta antes de él se estilaba, este bardo excelente, emprende el viaje hacia la eternidad el 7 de julio de 1899, cuando tenía 32 años con 11 meses y 3 días de vida gloriosa y ejemplar.
¡Qué grandeza de alma!

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