La crónica hablará por Chiapas

Club Atlético “Kamote Power”

Primera de dos entregas…

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Presentamos la primera parte de esta crónica, escrita por Enrique Orozco González.

Con Victor Cotz, un yucateco con pinta de sajón, fuimos compañeros en el turno vespertino de la escuela secundaria. Cotz: meco, alto, flaco y cumbo; sus pálidas canillas parecían espárragos. Yo, igual de ñengo, mis costillas semejaban teclas de marimba. Tragábamos como perros de mercado, mucha vitamina “T” (tacos, tortas, tamales… y más) queríamos embarnecer. Fue inútil, la báscula no avanzaba ni una rayita.
Cerca de nuestra escuela funcionaba el “Club Atlético, Kamote Power”. No costó convencer a Cotz que debíamos hacer ejercicio. Nos informaron que pasadas las diez de la mañana el gimnasio bajaba precios, pues no había entrenador. Nos apuntamos. El Kamote Power, ocupaba todo el primer piso de un edificio en el centro de la Ciudad de México, olía a desinfectante, sudor y mugre. Abundaban espejos y fotografías de atletas presumiendo su cuerpo. Con el agradable acento de su tierra, Cotz preguntó:
—¡Caballo! ¿Qué hacemos sin entrenador, Chapas?
—¡Eso vale madres! -le dije-, copiemo lo que haga el que esté más mamado.
Con nosotros se ejercitaba un solitario chaparro de facciones toscas y cabello como cepillo dental. Su barriga y sus musculosas piernas impresionaban.
Nos pusimos a jugar con las pesas sin ton ni son. Después de una serie de ejercicios con pesadas barras, Cotz palideció, puso los ojos en blanco y se desmayó -le pasaba muy seguido-; el Chaparro llegó, a cachetadas pretendió reanimar a mi amigo. Cotz volvió del desmayo.
—¡Coño! -me reclamó-. Ves la madriza que me está dando este güey y tú tranquilo.
—Creí que la cacheterápia era una terapia nueva, aunque, me debías agradecer: no permití que el chaparro te diera respiración de boca a boca.
—¡Puagh!
El cabeza de cepillo, generoso, se ofreció a entrenarnos y nos puso una rutina para principiantes.
—He ganado varios concursos de “piernas fuertes” -y así le decíamos.
Transcurrieron cuatro semanas de gimnasio; nos dolían los músculos que no teníamos, y lo peor: la báscula indicaba que, en lugar de ganar, habíamos perdido peso.
Piernas Fuertes, trató de consolarnos:
—En todo gran atleta –dijo-, hay un “antes” y un “después”, hoy están muy jodidos, pero después se pondrán de campeonato: ¡Como yo!
Y llegó la invitación:
—Muchachos, como ya soy su entrenador, háganme el paro: unas amigas de mi novia quieren conocer a dos musculosos atletas.
—¿Y dónde están? -pregunté.
—¡Son ustedes! -en su rostro se pintaron arrugas que sugerían una sonrisa-. A las chicas ya les expliqué que en todo gran atleta hay un antes y un después. Ellas deben sembrar ahora que ustedes están jodidos y en barata, para cosechar cuando estén mamados.
Con el “antes y después” y “sembrar para cosechar”, nos convenció de ir a la cita. La reunión fue en el restaurante típico de nombre sugestivo: “Los Tres Canallas”.
Continuará…

Glosario:
Meco.- Güero de rancho.
Ñengo.- Flaco y jodido.
Cumbo.- Tu columna vertebral agarra forma de paréntesis (puede ser pa’ fuera, o pa’ dentro).
Chapas.- Realmente querían decir Chiapas, pero a los capitalinos les cuesta introducir la i, de mi estado.

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