Pedro González Domínguez

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez [email protected]

Amores
(Fragmento)

Amores que matan
Siento galopar en las venas los ríos de su ausencia. Mi corazón la escucha y se deprime. Cada suspiro: polvaredas que se hacen al caminar sobre eso que llaman recuerdo.
El pasado se quedó atorado en la maraña del olvido, pero duele todavía. Lo tengo tatuado en el núcleo, en el tiempo, y estruja, tritura, asfixia: ese amor me mata.

Amores fantasmas
Mis fantasmas se quedaron contigo con las luces encendidas. Hoy vivo sin demonios, sin ese rosal de espinas, sin esos cielos infernales.
Ya no hay labios ardientes entre brazas ni se agita ni tiembla emocionado mi deseo. Por fin se acabó el embrujo.

Amores que duelen
¿Por qué me duele este amor que tanto quiero? ¿Por qué no está aquí conmigo? Ella está sin mí y yo sin ella; es flor de la mañana con aroma de medio día. La sueño despierto, la llevo conmigo a todas partes. Está en el viento, en la nostalgia, en la penumbra.
Me embriago de ausencia para que no me duela y me duele doblemente. La pienso más y la escucho en los silencios. ¿Será porque es hermosa, es tierna y aún no la tengo todavía?

Amores benditos
La noche, como amiga, me ayuda a soñar contigo. Aunque los demonios quieran despertarme, estás clavada entre mis ojos. Es indescriptible cómo se agitan mis sentidos y mis ansias te disfrutan aunque ya no estés conmigo. Cada vez me impregno más de ti, te pienso a cada rato, invoco tu amor bendito.

Amores inolvidables
Saqué las cartas empolvadas y volví a leerlas con los ojos del recuerdo: casi acabo los plumones y no logré borrarte del olvido. Mis manos no olvidan la figura de tu cuerpo, mis pies no olvidan el camino de la ausencia, mis labios no dejan de pronunciar tu nombre.
Anoche ya no quise extrañarte más y te tomé de un sorbo en una copa.

Amores fugaces
Soy feliz con tu recuerdo, tus suspiros, tus encuentros. Amé tu fuego, tu hechizo endemoniado. El tatuaje del amor es difícil de borrar con un adiós y tus cantos de sirena los escucho todavía, con la lluvia, en las tardes pecadoras que ya no existen.
Sólo fuiste un sueño, un poco de magia, un oasis en mi mundo frío, una estrella a media noche, un suspiro, un amor fugaz que nunca olvido.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *