- Adriana del Carmen, de 27 años de edad y madre de dos niños, es una orgullosa integrante del cuerpo de bomberos
Marco Alvarado/Diario de Chiapas
Una niña curiosa que luego pudo cumplir uno de sus sueños. Adriana del Carmen Vázquez González, de 27 años de edad, es una orgullosa bombera en la capital, que forma parte del selecto grupo de hombres y mujeres a quienes la sociedad reconoce por su valentía y compromiso.
Más que la adrenalina, es la posibilidad de poder ayudar en situaciones de emergencia lo que alimenta su pasión por el servicio, que la llevó a cursar estudios para saber atender emergencias, y por lo que ahora está al frente cuando se reciben llamados de emergencia en la estación poniente de esta ciudad.
Bombera y madre soltera de dos niñas, Adriana sueña con que sus hijas, así como lo hizo ella, no renuncien a sus sueños y tengan siempre la curiosidad por aprender y por ayudar.
“Creo que muchas personas no se animan porque tienen miedo, es cierto que en ocasiones enfrentamos situaciones difíciles, pero cuando se hace con las medidas adecuadas el riesgo disminuye”.
Aunque también considera que otro factor es el temor a desafíos como el rescate de animales. Sí, rescatar animales está entre los principales motivos por los que la población pide la presencia de los bomberos, y no siempre son perros o gatos, también le ha tocado tratar con reptiles, y es ahí donde se pone a prueba lo aprendido en los últimos años.
Trabajar en la central de bomberos ofrece lecciones todos los días. Adriana se plantea metas como aumentar su conocimiento en las áreas de respuesta a emergencia, y lograr ser una profesional en una actividad que ya no está limitada a los hombres.
Es por ello que ve en sus niñas a la siguiente generación de mujeres que asumirán el protagonismo en actividades de riesgo; “Mis hijas se emocionan cuando ven que vengo a la estación, pero ellas también tienen esta inquietud y me gustaría que aprendieran el valor de ayudar a otros”, destacó.
El Día del Bombero, celebrado ayer, es también una oportunidad para reconocer el trabajo de las mujeres y hombres del fuego, esos de los que poco se sabe, pero cuya presencia se valora en los peores momentos.










