Letras Desnudas
Mario Caballero
No ha habido en la historia moderna de México un líder político con la misma tenacidad, empuje y fortaleza que Andrés Manuel López Obrador. Es, sin duda de ningún género, el político más polémico y talentoso que hemos conocido los mexicanos en muchas décadas.
La campaña presidencial de 2018 habla precisamente de esa asombrosa tenacidad. Durante años se mantuvo en el centro de la atención nacional. Sus frases, sus discursos, su acento de voz y hasta sus arrebatos fueron desde inicios de este siglo parte de nuestra comida diaria. Y en ese periodo nunca dudó de su causa, de su lucha, de sus alcances.
No fueron pocos los que se interpusieron en su camino a la presidencia. En 2006 le robaron la elección, pero en 2018 su victoria era inminente. Los viejos partidos políticos, los medios, los mercados, los empresarios, las encuestas y los poderosos nada pusieron hacer para que ese año obtuviera la presidencia y no sólo eso, sino su triunfo logró rehacer prácticamente el mapa político nacional.
Empero, esa grandiosa conquista política fue producto no de una elección ni de una campaña política, fue resultado de décadas de trabajo político a ras de suelo, de recorrer todos los estados y quizá todos los municipios del país. Si hay alguien capaz de describir qué necesidades hay en cada región y en cada sector de la población, es López Obrador.
Esto me hace recordar lo que decía Cornelius Castoriadis: todos respiran el mismo aire y al mismo compás, todo sopla en una dirección. Esa dirección era la de AMLO.
¿Cuándo volveremos a ver a un actor político de esa misma magnitud y esplendor? Es difícil saberlo. Aunque podríamos asegurar que no será en la elección de 2024.
LAM
Un amigo me preguntaba si los mexicanos necesitamos personajes así, con rasgos característicos a los caudillos. Mi respuesta fue que probablemente sí, pues por políticos como el tabasqueño, millones de personas recuperaron la esperanza y la confianza en que por políticos como él verían sus intereses verdaderamente representados. Es decir, un hombre del pueblo gobernando para el pueblo.
Por fortuna nuestra, hay y ha habido en otras épocas políticos con ese talante y nivel de compromiso. Personajes que desde sus respectivas responsabilidades públicas y oportunidades lograron forjar una historia en beneficio de la gente.
Se me ocurre don Belisario Domínguez Palencia, por citar a alguien de nuestro estado. Fue un médico que en su natal Comitán nunca le negó la atención a nadie, fuera rico o pobre, tuviera para pagarle las consultas o no. Incluso, hay anécdotas de que él se desprendía de lo que tenía para dárselo a otro con necesidad. Regalaba las medicinas a los que no tenían para comprarlas y, por eso y más, fue muy querido y respetado por la gente.
Cuando tuvo la oportunidad de ser representante popular, dejó un legado de integridad moral, congruencia política y patriotismo que lo llevaron a convertirse en un prócer de la patria. No sólo tuvo el envidiable valor de enfrentarse al tirano Victoriano Huerta, quien cobardemente le arrebató la vida. También dejó ejemplo para las futuras generaciones de políticos que antes que los beneficios personales están los del pueblo. Por eso, el senado de la República entrega una medalla con su nombre a todos aquellos mexicanos que realizan acciones en pro del país y la humanidad.
Tiempos lejanos, dirán algunos. No es así. Hoy mismo existen en México servidores públicos destacados. Si es el común denominador tener políticos corruptos y desacreditados, no todos son iguales. El presidente Andrés Manuel López Obrador es uno de ellos. Los resultados de su gobierno podrán ser cuestionables, pero nadie puede decir que le ha hincado el diente al presupuesto en beneficio personal. Lo han puesto de cabeza y no ha caído un solo peso mal habido.
No sé hasta dónde llegará la carrera política del diputado federal Luis Armando Melgar Bravo, pero si desde este momento se visualiza como uno de los que serán grandes protagonistas en las elecciones del 24 es porque se ha labrado un nombre y un prestigio con base a un trabajo político cercano a los ciudadanos, sobre todo con los de abajo, y alejado totalmente de los escándalos de corrupción y oportunismo.
Él podría ser otro ejemplo de lo que venimos hablando. Luis Armando Melgar pudo haber nacido en una familia con ciertas posibilidades, pero eso no le quita la empatía que siente hacia el ciudadano común. Puede tener relaciones y amistad con gente de negocios, pero eso no desmerece las importantes acciones que ha hecho a favor de los chiapanecos en todas sus encomiendas. Es más, fue hijo de un político trascendente en la historia de Chiapas, y a pesar de ello se abrió un camino por sí mismo en la política, cuya mayor recompensa es el reconocimiento público del que goza.
EL CAMINO
Reconocer lo evidente es, a veces, lo más difícil. Lo que casi siempre vemos en los políticos son sus ambiciones y apetencias de poder. En Luis Armando Melgar hemos visto mesura, recato, disciplina y una profunda convicción por el servicio a los demás.
No es de los que andan detrás de los reflectores, sino los reflectores lo buscan. Ora porque se reunió con un grupo de locatarios en su natal Tapachula; ora porque sostuvo pláticas con empresarios y prestadores de servicios turísticos en San Cristóbal de las Casas buscando los medios para lanzar proyectos que impulsen la economía de Chiapas; ora porque se sentó con Francisco Cervantes, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, con el objetivo de trazar estrategias e ideas sobre el Paquete Económico 2023; ora porque estuvo con el procurador fiscal de la Federación, Félix Medina Padilla, platicando sobre los avances en el contexto de fomentar más inversiones para el campo y el turismo productivo, etcétera.
No sé si LAM alguna vez pensó en seguir los pasos de su señor padre, don Antonio Melgar Aranda, pero en sus actos están los ejemplos de él. Como el hecho de entender que la política no es de élites, sino que debe encauzarse para resolver los problemas y necesidades de la gente humilde. Asimismo, trabajar al lado de los campesinos, los obreros, los artesanos, las amas de casa, los pequeños y medianos empresarios, pero siendo el vínculo entre ellos y los altos funcionarios para atraer y bajar las inversiones y los recursos para concretar los proyectos.
Melgar tiene una preparación académica que muchos otros políticos no tienen. Es abogado y maestro en Derecho Económico Internacional por la prestigiosa Universidad de Warwick, Inglaterra. No obstante, no es de esos políticos catrines que no se baja de su camioneta por no mancharse los zapatos. Pues ha tenido la oportunidad de visitar comunidades en Chiapas donde nunca ha entrado un automóvil.
Su trabajo legislativo como senador y diputado federal, ahora inclusive siendo presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público, ha sido eficaz y fructífero. En ocasiones ha dejado entrever que busca algo más que eso, ya que tampoco es un improvisado en la administración pública y tiene una larga trayectoria en la iniciativa privada, ocupando cargos directivos en el Grupo Salinas y fungiendo como presidente de la Banca de Gobierno de Banco Azteca.
En fin, aquí otro ejemplo, el de Luis Armando Melgar, quien está encaminado en el mismo sendero que grandes líderes políticos como López Obrador han transitado.
@_MarioCaballero










