Regreso a la “normalidad”
Como todo buen mexicano, los padres de familia abarrotaron esta semana que está por concluir las papelerías y centros comerciales para comprar los útiles escolares para el nuevo ciclo escolar 2022-2023 y la novedad, ante todo, es que en todos los niveles educativos el retorno es presencial.
Atrás quedó la resistencia de las familias para mandar a sus hijos a las aulas por la embestida que dio el COVID a todo el pueblo de México, y principalmente, a los más desprotegidos, a los que no tenían las condiciones para acudir a un médico particular o de asistencia social como hospitales públicos, en el IMSS o el ISSSTE.
Ahora, a unas cuantas horas de que todo vuelva a la “normalidad”, ahora que todos los chiapanecos deben estar vacunados para protegerse del impacto del coronavirus, es de vital importancia el mensaje reiterativo que el gobierno estatal daba todos los días a la ciudadanía para acudir a los módulos para vacunarse.
Se entiende que, con ello, la autoridad de salud hizo su chamba y si a la fecha existen personas que, por ignorancia, por dejadez, por religión o por el motivo que fuese, no se han aplicado ninguna dosis, deben asumir su responsabilidad y tener en cuenta que serán los más vulnerables a los contagios.
Fuera de ello, no es extraño que, al cuarto para las doce, los padres de familia corran para adquirir el material. En Chiapas casi dos millones de niños, adolescentes y jóvenes tendrán que cambiar sus hábitos para levantarse temprano y estar en las aulas desde las 7 de la mañana, según corresponda el nivel educativo.
La instrucción de la Secretaría de Educación Pública es que las clases sean en el salón, en el aula. Atrás quedó la amarga experiencia de las cátedras virtuales, que, si bien para algunos países de primer mundo es la nueva metodología educativa, en México y Chiapas, por sus condiciones geográficas y de cobertura del internet, no fue del todo exitosa, aunque sí contribuyó a que la enseñanza-aprendizaje no haya quedado del todo estancada.
A partir de este lunes 29 de agosto, comienza el ajetreo. Las carreras por llegar antes de que toquen el timbre será para de la odisea de miles de hogares, pero también será un respiro para ciertos sectores que verán cómo se reactivan económicamente. Las papelerías y los servicios del transporte público son los primeros que agradecen la reactivación.
Además, está claro que el aumento de posibles contratiempos y percances podrían incrementar por las mismas prisas. Habrá aumento de tráfico vehicular, parada de carros en doble fila y una que otra mentada por esta circunstancia.
La de mañana, por cierto, será el día que los agentes de tránsito municipal por fin desquiten su sueldo, ya que tendrán que auxiliar que se agilice la carga vehicular.
Para nadie es un secreto que el padre de familia hace un extraordinario esfuerzo por cumplir con lo que las instituciones educativas solicitan para adquirir los útiles, pues la pandemia apenas ha permitido que la actividad laboral se normalice.
Los medios de comunicación dan cuenta de las odiseas que hacen los papás para responder. Las casas de empeño son las que en estos días han incrementado su actividad pues hasta el gato hidráulico del carro se lleva para adquirir unos cuantos pesos.
Ahora bien, los abusos nunca faltan pues existen papelerías que incrementaron los costos de los artículos. Lamentablemente no existe autoridad alguna que defienda de los atropellos a la ciudadanía. Si hablamos de la dependencia responsable de ello, por la que fue creada hace más de tres décadas, la Procuraduría Federal del Consumidor es como estar hablando sólo, no tiene injerencia.
Si en los productos de la canasta básica no puede intervenir, menos en este segmento. Acá es cuando en realidad la máxima autoridad debería echarse un clavado para entender que hay instituciones que en lugar de sumar restan. Para pagarle a personal que haga encuestas semanales sobre Quién es quién en los precios no tiene razón de ser, si de lo que se trata es que haya control, vigilancia y sanciones a los que se pasen de listos.










