Letras Desnudas
Mario Caballero
Algo es claro en la realidad de nuestra clase política: hay muchos políticos metidos en la política que no son políticos. Son personas sin vocación por la función pública. Mujeres y hombres cegados por la ambición. Gente que busca el poder por el poder mismo, por obtener beneficios personales de los cargos que ostentan; no por prestar un servicio a la ciudadanía o por representar los intereses del pueblo.
Un caso paradigmático es el de Ismael Brito Mazariegos, actual diputado federal de Morena. Es un político que no es político, sino solamente un ambicioso común. Y lo ha demostrado con creces durante los casi últimos cuatro años que lleva en el poder.
Pues por la misma ambición ha traicionado al que le dio de comer, entiéndase el gobernador Rutilio Escandón Cadenas. También ha mancillado con escándalos de corrupción, tráfico de influencias y nepotismo los más altos postulados de la 4T: no robar, no mentir y no traicionar.
Ha cometido también torpezas enormes como encubrir a sus achichincles en casos de extorsión a otros funcionarios públicos. Fíjese de la última gran estupidez que cometió: anunciarse en redes sociales como el futuro operador político de Claudia Sheinbaum en Chiapas. No lo dijo así, pero se sobreentiende en la publicación donde aparece con su muy peculiar sonrisa al lado de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
Resulta que Ismael Brito se autoproclama estratega político y vocifera a los cuatro vientos que tiene una gran influencia sobre la clase política chiapaneca, sobre todo con los morenistas. Pero, ¡oh my god!, no es ni lo uno ni lo otro. Si en verdad fuera un estratega político, como esos que entienden a la perfección los tiempos y los distintos desafíos que se presentan en la política y saben cómo reaccionar ante ellos, entonces hubiera interpretado que en el nuevo escenario en torno a los aspirantes a la candidatura presidencial de Morena la brújula parece indicar que el favorecido será Adán Augusto López.
Más claro todavía, un auténtico estratega político discerniría que los electores chiapanecos respaldarían o respaldarán totalmente a alguien más afín al presidente Andrés Manuel López Obrador, con el que comparta ideales, posturas, discurso y una visión clara de lo que quieren para el país. Ese es, obvio, el secretario de Gobernación.
¡QUÉ BRUTO!
Pero decíamos que Ismael Brito no es político sino una broma, y una broma de sí mismo. Es alguien que ha ido acabando con su reputación, con su carrera. Pudo haber sido quizá no el próximo gobernador del estado, pero sí un funcionario reconocido y respetado. Y tuvo todo para convertirse en un excelente secretario de gobierno. En su momento gozó de recursos, poder, autoridad y, sobre todo, de la confianza del gobernador Rutilio Escandón. Hoy no es más que un traidor de quinta. Un servidor público que ha ido de estupidez tras estupidez. A eso ha llegado.
Estupidez, según la Real Academia de la Lengua Española, es la “torpeza notable en comprender las cosas”. Pues bien, Brito Mazariegos es un torpe que no comprendió el tiempo ni el lugar donde estuvo parado. Y, al parecer, sigue sin entenderlo ahora que está en la Cámara de Diputados.
A ver, ¿cuántas iniciativas ha impulsado desde que asumió como legislador federal? ¿Cuántas veces ha subido a la tribuna a exigir que se resuelva el problema migratorio que afecta en demasía a los municipios fronterizos de Chiapas? ¿Cuáles han sido las gestiones que ha realizado, no digamos para todo el pueblo chiapaneco, sino para los habitantes de su distrito electoral con cabecera en Comitán de Domínguez?
¿Ha propuesto una tarifa justa de luz eléctrica para nuestro estado? ¿Ha solicitado al gobierno federal más apoyos para atender las diversas problemáticas que presenta la educación en Chiapas? ¿Por lo menos ha hablado de la necesidad de dotar a Chiapas de más beneficios fiscales para con ello fomentar la economía local, atraer más inversiones, abrir nuevas empresas y crear más empleos? ¿Tiene alguna idea para incentivar el sector turístico del estado y la productividad del campo?
La respuesta a esas preguntas es la nulidad absoluta. Ismael Brito es de esos legisladores que no comprenden que su función va mucho más allá de aprobar o abrogar leyes. Ser diputado es velar por los intereses de la gente y defender y promover los derechos de los ciudadanos a tener una vida digna. En pocas palabras, como depositario de la confianza de los electores es un fracaso. Lo único que le interesa es el lucro personal.
Por lo mismo, mira la diputación federal como un trampolín, como la oportunidad para acaparar más poder y fortuna. Si en este preciso momento está en un intenso recorrido por los municipios del estado no es para conocer de primera mano las necesidades de la gente, sino para hacer proselitismo disfrazado, cobrar viejas facturas políticas y hacer negocios millonarios con los presidentes municipales.
En estas mismas páginas he mencionado que Ismael Brito utiliza la protección del cargo legislativo para intimidar a los alcaldes con total impunidad. Lo hace a través de la Auditoría Superior del Estado, institución a cargo de su vasallo Uriel Estrada Martínez. Puesto que chantajea a las autoridades municipales con establecerles responsabilidades legales si no lo apoyan política y económicamente en su proyecto a la gubernatura. Es decir, les exige sumas importantes de dinero a cambio de que la ASE borre las irregulares y corrupción que los ediles cometieron en el manejo de los recursos públicos.
No es todo. Se dice que Ismael Brito metió dinero ilegal en el reciente proceso interno de Morena para el acarreo de gente y la compra de votos a favor de sus allegados, mismos que en algunos casos resultaron elegidos como consejeros estatales.
Toda esta podredumbre y abusos de poder no lo han convertido en un político influyente, mucho menos en un aspirante serio a la candidatura al gobierno del estado. Todo lo contrario, lo hizo un personaje repulsivo que desde hace tiempo tiene las puertas cerradas en Palacio de Gobierno. ¿Y cómo no? Si abusó de la confianza del mandatario estatal.
No sólo contrató a gente desprestigiada del gobierno de Juan Sabines Guerrero, como Ernesto Gutiérrez Villanueva, “Mr. Tractor”, sino también fomentó y protegió la corrupción de varios de sus subalternos que terminaron en la cárcel por delitos como abuso de funciones, asociación delictuosa, fraude, et al.
Es más, se conoce que desde los tiempos que desempeñó el cargo de secretario general de gobierno tejió una red de complicidades para extorsionar a los alcaldes, en la que estuvieron implicados figuras como el mismo Ernesto Gutiérrez Villanueva, el hijo de éste, Giovanni Campos Amaya, entre otros.
A OTRO PERRO…
Por eso que no nos venga con cuentos de que es un gran estratega político cuando en realidad es lo peor que le pasado a la Cuarta Transformación en Chiapas: un corrupto enfermo de poder. El hecho de que haya insinuado en las redes sociales que será el operador de Claudia Sheinbaum es otra estupidez más. Especialmente, cuando ella ya ha comenzado a sentirse desplazada del cariño del presidente López Obrador.
@_MarioCaballero










