Decretazos por encima del diálogo no es el camino

Nos estamos militarizando y cuando queramos dar un paso al costado será tarde, advierten los especialistas. Un tema bastante delicado si se toma en cuenta los ejemplos que han tomado otros países que están en crisis como Nicaragua o Venezuela.

Claro, nadie en su sano juicio, aceptará que estemos o vayamos camino a esa dictadura o malas prácticas para gobernar. Los comentarios anteriores tienen relación con la incorporación que seguramente será parte de una jornada épica en el Congreso de la Unión de que la Guardia Nacional pase a formar parte de la estructura directa de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Un embrollo no tan complicado si se considera que la solución es atacar de frente a la delincuencia organizada que se ha apoderado del control del país, principalmente en la zona Centro y Norte de la nación.

Nos faltaría espacio para exponer los pros y contra de esta iniciativa en la que se discierne si el ejército toma el control ante la inseguridad que prevalece en el país, si toma la batuta en lugar de los cuerpos policiacos civiles. Para ello, primero se daría paso a la participación de los integrantes del Congreso de la Unión que tienen que cambiar los conceptos que establece por ley la Constitución.

En el mes de marzo del 2019 se hizo efectiva la creación de la Guardia Nacional. Tres años después está a punto de pasar a formar parte de la Sedena. En estos tres años, han pasado situaciones que cuestionan si los procedimientos son los adecuados.

Por ejemplo, se construyó un aeropuerto que será cien por ciento funcional conforme pasen los años, pero que fue ejecutado bajo la supervisión de arquitectos, ingenieros y demás especialistas del ramo castrense. Nos referimos al Felipe Ángeles.

No ha habido transparencia en cómo y cuánto fueron los recursos invertidos; a las fuerzas armadas se le ha dado todo el dinero para reforzar sus tareas, pero en la práctica, han sido sobajados, pisoteados y humillados por núcleos de población que denuncian atropellos o por los mismos delincuentes que le han faltado el respeto a la institución que, pese a todo ello, sigue viéndose con buenos ojos por el grueso de los mexicanos.

Está claro que el desbordamiento de la delincuencia se debe a la pasividad y complicidad que han tenido sexenios anteriores.  Por esta situación, el crecimiento exponencial de grupos armados ha rebasado la estrategia de abrazos no balazos que defiende el Ejecutivo federal.

No nos imaginamos que los militares salgan a las calles y en respuesta, los cárteles se unan para enfrentarlos. Como ya pasó recientemente cuando la Sedena detuvo a líderes de algunas organizaciones criminales, la respuesta fue el asesinato artero de civiles para que el gobierno entendiera que con “ellos no se juega”. Esto es grave porque se estaría al borde de una guerra civil

Esta situación es más delicada que elementos de la Marina se hayan apostado en el aeropuerto internacional de la ciudad de México para desalojar este viernes pasado, a los ex trabajadores de Mexicana de Aviación -que se declaró en quiebra-, que ocupaban el espacio de los mostradores en donde alguna vez despachaba la aerolínea.

Una función que debería haber realizado la policía federal quedó en manos de la elite militarizada. Eso es justamente lo preocupante, pues una vez que se vaya el presidente AMLO, el poder supremo será difícil de bajar de su nube.

Otro ejemplo muy claro es que al Ejército no se le toca ni con el pétalo de una rosa y esto quedó demostrado ahora que dieron el resolutivo de los 43 normalistas de Ayotzinapa, donde la presunta responsabilidad militar se ha ido desvaneciendo. Alejandro Encinas ya prácticamente los deslindó de haber participado.

En su informe dio hasta nombres, pero en subsecuentes entrevistas, borró de la lista a personajes que señalan directamente a quienes “ayer fueron sindicados y que hoy resulta que forman parte del gabinete militar en funciones”. 

Lo que se ha visto es que se quiere gobernar con decretazos y eso no le hace bien al país. Ha faltado mucho diálogo, pues se ha visto que, para la máxima autoridad presidencial en el país, le da urticaria reunirse con los adversarios. Este ha sido el principal problema por lo que no se avanza a base de consensos, sino de imposiciones, y no, ése no es el camino.

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