Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Hombre solitario
El hombre solitario solía desayunar,
comer y cenar a horas establecidas,
nunca llegaba tarde al restaurant,
ocupaba la misma mesa,
cerca la ventana que daba al jardín.
En su lugar de trabajo
los documentos yacían en aparente desorden,
había un orden que él conocía.
La moderna laptop la usaba
como una máquina de escribir,
solo Excel, Word y PDF utilizaba
de manera elemental.
Definitivamente la modernidad
y los avances tecnológicos
a nuestro hombre, lo habían rebasado.
Él se había quedado a principios
del siglo XX, en pleno siglo XXI,
esclavo de las antiguas costumbres,
jamás entendió: “amigos con derechos”,
no criticó a los jóvenes
porque a lo mejor tenían razón.
Con esa filosofía de vida
podrían resolver los conflictos,
del matrimonio anquilosado,
roca que se carga por varios años.
El hombre solitario
en su lugar de trabajo
sueña con la esperanza
de encontrar el motivo
de su existencia,
lee y escribe poseía,
ESPERA.
Libertad nihilista
En tu corto caminar
con tu libertad nihilista
buscaste, a temprana edad,
paraísos artificiales
sin encontrar, la
razón de tu existencia.
Así una tarde, te hiciste mujer,
para romper el tedio de la espera,
para beber en un solo trago la vida.
Pero la vida, mujer, no termina,
tiene tantos universos
como dimensiones existan.
Enrique Flores Amastal










