Francisco García Ramos

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez [email protected]

Amor canino
Narran los que conocieron los hechos, que cuando “galleta” llegó a su existencia, no era por él querida, más bien era tremendamente odiada, porque en su niñez sus padres le inculcaron el desamor por todo tipo de animales. Su hija le rogó mucho tiempo que le permitiera tener a la cachorrita y por el amor a su amada hija, aceptó a regañadientes tener en su mansión a la hermosa cachorrita, a pesar de su aversión a la raza canina. Ella era una cruza de raza labrador con pitbull.
Transitaron rápidamente los días y poco a poco la cachorrita fue ganándose su amor, ya que ella era una cachorra adorable, cariñosa y bien portada. Por lo que a pesar que tenía sirvientes que le ayudaban en los quehaceres domésticos, el gran señorón atendía personalmente a “galleta”: le daba sus alimentos a sus horas y su agua, la llevaba al veterinario para su revisión y para la aplicación de todas sus vacunas.
A los pocos meses, “galleta” llegó a ser una soberbia perra por la cual él se desvivía. Por “galleta” cambió sus aficiones, ya no iba al cine ni al teatro, tampoco a los conciertos, solo iba a lugares donde pudiera llevar a “galleta”.
En una ocasión fue con su esposa e hija y desde luego con su inseparable “galleta” a comer a San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, a un restaurant campestre ubicado en la cúspide de una colina. Estacionaron el auto en la parte baja de la colina y subieron caminando por las escaleras para llegar a la cima.
El amo de “galleta” la ató a un árbol y luego empezó a bajar por una vereda los dieciséis metros que lo separaban del auto, pero inesperadamente perdió el equilibrio cayendo en el barranco. “Galleta”, al darse cuenta del percance, rompió la correa aventándose por la cañada, a los catorce metros galleta se puso debajo de él, amortiguando la caída.
Él, al sentir el cuerpo de “galleta”, reaccionó y puso sus manos en su cabeza arqueando el cuerpo, llegando al fondo del barranco sin grandes lesiones. Gracias a “galleta”, solo sangraba profusamente de la nariz, que posiblemente se había lastimado al pegarse con alguna rama en su caída. El dueño del restaurant al oír los gritos, acudió rápidamente al lugar donde cayó el amo de “galleta”, lo revisó y lo llevó a un sanatorio para que le pararan el sangrado de la nariz.
Después regresaron al restaurant, donde esperaban la esposa del amo de “galleta” y su hija. Lo que he escrito es cierto y no tengo necesidad de mentir y, como me lo narraron, lo escribo.

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