Papel, tinta y verso…

Enrique Flores Amastal Ciudad de México

La muerte
La vida y la muerte, son lo mismo,
la una sin la compañía de la otra, no existe.
Conocemos el inicio, pero no el final,
porque la distancia entre la vida
y la muerte no lo hay.
En el mismo instante del nacimiento,
también se hizo presente la muerte,
toda vida es única e irrepetible,
y también su muerte, es única.
Es única en la forma,
siempre va con el hombre,
siempre llegará a tiempo,
es puntual, es perfecta.
La muerte no está en lucha con el tiempo,
puede ser joven o vieja;
la muerte, la eterna compañera,
nos invita a vivir un dulce sueño
y no habrá un dulce despertar.
La simplicidad de la palabra
no puede describir
aquel sueño perpetuo, donde no tendrá
sentido el tiempo, sino la eternidad.

Pensamientos revoltosos
Los pensamientos revoltosos
se mecían en las hamacas cerca del balcón,
temerosos de ser descubiertos leían a Baudelaire,
compartían sus versos.
Las tardes otoñales y el viento fresco,
desnudaba los árboles, cerca la ventana,
uno de ellos pluma en mano cazaba
palabras para un verso endecasílabo,
fracaso total.
Inquieto, quería encontrar la razón
de la sequedad de ideas para un poema,
los otros, con café en mano,
disfrutaban de un tibio anochecer.
El pensamiento poeta, recurrió al diccionario,
abrió el pesado libro en la letra “A”.
¡Oh! Sorpresa, la hoja estaba en blanco,
inició un recorrido a su interior,
caos, silencio pesado, murmullos
ensordecedores, desorden total.
Los pensamientos revoltosos, se mecían
en las hamacas tendidas en el balcón.

Enrique Flores Amastal

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