Espantos zoques del Barrio La Pimienta
Marco A. Orozco Zuarth [email protected]
En cuanto a las leyendas, se recuerdan las del Sombrerón, el Caballo sin Jinete, la Mala Mujer, la Poza del Cura y la del Palo de Ziqueté.
El Sombrerón era muy temido porque representaba al mismísimo demonio. Se presentaba en la finca La Pimienta, bajando de los cerros con su enorme caballo negro, vestido de traje de charro, espuelas de plata y un gran sombrero. Tenía los ojos tan rojos que parecían “echar lumbre”. Se les aparecía a quienes lo invocaban o a los borrachos, hacía tratos con la gente dándoles dinero a cambio de su alma. Hay quienes cuentan que las malas lenguas decían que al Sr. Jiménez se le había aparecido y que por eso era rico. Pero hay quienes decían que esto era mentira porque esta persona era muy buena y no podía tener ningún pacto con el diablo.
Cuentan también que por las noches bajaba de más allá de lo que hoy es la colonia Albania Alta, un caballo negro con los ojos de lumbre y que mataba a quien se le cruzara por su camino. No tenía jinete, pero decían que el mismo diablo era quien lo conducía para hacer sus maldades.
La Mala Mujer o Malora siempre se les aparecía a los hombres a la orilla del río Sabinal, decían que era tan hermosa que los que la veían quedaban fascinados y la seguían, cuando estaban cerca se volteaba y los besaba mostrando unos dientes y colmillos horribles. Con el beso se los ganaba y después de varios días los hombres se secaban y morían, “…eso les pasaba a los borrachos y a los mujeriegos…” dice enojada, la Sra. Carmelita Velasco.
La leyenda de la Poza del Cura, como veremos más adelante, se trataba de una poza del Sabinal muy honda, en donde murió ahogado el cura Antonio y a partir de este hecho la poza era temida por todos los vecinos, pues decían que se los tragaba en sus remolinos.
El Palo de Ziqueté, estaba en donde hoy se encuentran los departamentos de la Unidad Habitacional Quetzalcóatl. Relatan que a los muchachos les salía un animalito bailando y no los dejaba pasar. Era como un zorrito y decían que era un espanto que venía por sus almas. Un día se juntaron los vecinos, rezaron una novena, rociaron agua bendita, pusieron una cruz y a partir de esto dejó de salir.
También había muchos brujos en el barrio, los más recordados son don Goyo que se convertía en avispa para hacer sus males; doña Elisa que se convertía en cochi y otro, del cual no se recuerda el nombre, que siendo muy chiquito se estiraba hasta unos tres metros y espantaba a la gente por el Puente Madariaga.










