Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Malinalco
En la paz de tus montañas,
en la quietud de tu pueblo, de tu gente,
busco la esencia de lo que fui
y lo que soy.
He sentado mis reales aquí
en tu espacio físico,
trato de vivir como lo fui,
en otro tiempo y con otra historia.
Otros ropajes vistieron el cuerpo
pero el alma sigue siendo la misma,
única y eterna como en el principio.
No pregunto cuáles son esas cicatrices,
que en tus calles, valles y montañas
quedaron grabadas,
y se guardaron en oquedades del tiempo.
Hoy miro nuevamente tus montañas
respiro el aire de los ancestros,
estoy en las alturas de tus pirámides
y el sonido de los atabales me llaman
al combate, a la lucha por mis dioses,
mis valores y mi pueblo.
Cabras salvajes
Mis sueños, son danzantes nocturnos,
añoran las montañas, donde pastan
como cabras salvajes,
se inventan a sí mismas, se sueñan.
No hay nada que ellos no puedan
moldear, mezclan realidades
y me entregan un cuadro para enmarcar.
Cuando son machos cabríos,
pastan en las montañas,
se duermen a la luz de la luna,
sueñan con las estrellas
y bajan a los apantles a descansar.
Beben sus aguas,
y en la espesura de los bosques
miran a los duendes y gnomos
Y buscan a la princesa para bailar.
Enrique Flores Amastal










