La crónica hablará por Chiapas

“Escribir en este encierro: la pulsación del eco de Marlene Villatoro”

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Fernando Corona
Ciudad de México

Segunda de tres entregas
Como sea, se trata de un poemario contundente y testigo de una etapa de las vidas presentes que, sin duda, se incrustará de manera paulatina en la historia hasta convertirse, sin remedio y como es habitual en la experiencia humana, en territorio del mito (pero del mito en su prístino sentido, de explicación simbólica de la realidad, como esa otra verdad fundacional siempre pendiente). Y allá, cuando se recuerde tras los decenios y los siglos el momento que se suscitó al cierre de la segunda década de la XXI centuria -si es que las cuentas se siguen haciendo de ese modo o si es que hay cuentas en los tiempos que vendrán, las remembranzas y las relatorías serán, invariablemente, las del otro lenguaje (el figurado y traslaticio, el metafórico y simbólico), como ocurre desde ahora ya en la voz y la escritura de la poeta Marlene Villatoro, al interior de un poemario cuyo título conlleva ese justo aire de memorial arcaico o presagio bíblico.
Este libro testimonial y manifiesto presenta, decía más arriba, dos momentos. En el primero, “Herida del planeta que desató al relámpago”, podríamos decir que la poeta se inserta en el esquema global y, conforme a los planteamientos herméticos y alquímicos antiguos, macrocósmicos. Ya desde el epígrafe mencionado de Christensen flota, como entre los pensadores physiologoûntes, o más conocidos como presocráticos griegos antiguos, la materia originaria y germinal (el arché), que en este contexto, de manera inevitable, tenía que ser el aire (soplo en materia sagrada positiva, de Génesis; peste en materia sagrada negativa, de Plaga).
Es al inicio de esta primera parte que Marlene Villatoro acomete su primer acto manifiesto y testimonial: el de la escritura en el encierro, que implica su autodefinición como autora del poder poético. En efecto, si Whitman suelta o hace sonar su «barbaric yawp over the roofs of the world» -su alarido-, Villatoro suelta su grito «sin la pulsación del eco», pues así es como se reviste el canto en época pandémica, en entornos que son túneles y espasmos de días, encierros y derrumbes, aludes y despojos. Esto es, aires de catástrofe. Y es que Marlene parece asumir desde el inicio de su libro que el planeta conllevaba ya dilemas y ruinas previas, que se presentan con el único aire que los poetas sagrados (malditos en otras tradiciones o enfoques) pueden invocar en épocas de calamidades: la profecía o el oráculo. En efecto, Marlene asegura que «el agua no es siempre luna en este mundo».
De la mano con ese lenguaje está el contagio, el esqueleto gris sobre el paisaje, con la inevitable conclusión que parece definir el libro por entero y la época completa en la que estuvimos inmersos más de dos años: «la pandemia está adentro».
La poeta no sólo grita, sino ve y pregunta, dos actos categóricos de su trance y su vociferación. Se sabe rodeada de campanas que tocan confundidas y mira desde la ventana las «sombras de la inercia», pero también parece adivinar o intuir o cerrar los ojos para visualizar cómo «levitan los planetas en círculos» y siente que la observan, la aguardan, en un ámbito mágico y sagrado donde, insiste, «todo está protegido por círculos»…

Continuará.

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