La investigación en su construcción inicial
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Cuando se inicia una investigación, se experimenta a veces la tentación de examinar la realidad con los ojos bien abiertos a la espera de dar con aquella pista que, irremediablemente, conducirá paso a paso al objeto de estudio; después la tentación es otra: la de definir aquel objeto esencialmente. Es decir, inspiradas en la tradición más positivista de la ciencia, se aborda como si su condición de problema a investigar fuera objetiva, real, independiente de la participación como sujetos de conocimiento y como si la tarea consistiese, en términos generales, en encontrar ese objeto de estudio y someterlo a la observación para que ofrezca datos.
Ante esta provocación se debe tomar partido; determinar, en primer lugar, cuál será la posición como sujeto en relación a un objeto de conocimiento y, en segundo lugar, decidir qué trascendencia se le auspicia a dicha relación, esto es, a la relación de conocimiento: “Los ojos” disponibles en las modernas ciencias tecnológicas pulverizan cualquier idea de visión pasiva. Estos artefactos protésicos enseñan que todos los ojos, incluidos los del investigador, son sistemas perceptivos activos que construyen traducciones y maneras específicas de ver, es decir, formas de vida.
Los resultados que produce una investigación son importantes para el avance del conocimiento, tanto si estos son novedosos como si redundan en lo sabido; no en vano los resultados suelen constituir la parte más visible del procedimiento científico; sin embargo y sin querer restarle el protagonismo merecido a esta etapa de demostración de lo aprendido, este énfasis por lo concluido no puede colocar en la sombra unos procesos anteriores, tanto o más importantes que este final. Se hace referencia a los actos de ruptura con el mundo dado por descontado y con la doxa científica, y al acto de construcción con el que se teje una red teórica en la que suspender y asentar el objeto de estudio.
Antes de interrogar al objeto de estudio, se debe construir como tal. Todas y cada una de las elecciones que, siendo o no conscientes de ellas, se llevan a cabo en el proceso de elaboración teórica, están impregnadas de la propia concepción del mundo social: decidir qué paradigma teórico resulta el más idóneo para abordar la categoría, considerar qué dimensiones forman parte de la red de relaciones que explicarán el objeto, incluso partir de una definición relacional de la problemática, todas ellas operaciones que nada tienen que ver con la visión de lo objetivo, de la realidad, sino más bien con la construcción de esta.
Ahora bien, el posicionarse por lo tanto en una perspectiva epistemológica, conduce a avanzar que el conocimiento en el que se pretende ahondar no tiene, ni mucho menos, pretensiones universales sino, contrariamente, intenciones de ser un conocimiento parcial, localizado y crítico, situado. No se esconde -en la introducción previa- que ha sido la experiencia personal y profesional la que ha provocado que escogiera un tema concreto y no otro; ni tampoco que haya sido la biografía la que ha influido en la lente con la cual se somete al escrutinio analítico.
Por último, no debe ocultarse que el interés sea manifiesto por contribuir siquiera al debate y al diálogo, al cambio social en las relaciones de género, lo que está en la base de la investigación. La posición investigadora se nutre de todo ello y es desde ese posicionamiento desde el que se debe construir el marco teórico, que en esta primera parte del estudio se presenta.










