La crónica hablará por Chiapas

El futbol y yo

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Compartimos esta magnífica crónica de:
Enrique Orozco González

Ayer, martes 22 de noviembre, paciente, esperaba turno en el consultorio oftalmológico para una revisión de mi vista. En tres grandes pantallas (no sé por qué tantas, si la mitad estábamos chocos), supe que jugaban futbol México contra Polonia, en el mundial de Qatar 22, bien lejos.
Encloché mis recuerdos y metí reversa: iniciaban los sesentas del siglo pasado, recién llegado a la Ciudad de México y no logré inscribirme en la secundaria. Vivía encerrado en un departamento de la colonia Roma. Me volví teleadicto, le entraba a todo, en especial veía boxeo y futbol. Mi equipo: el Necaxa, con su camiseta a rayas rojas y blancas: “Los Once Hermanos”, jugadores notables como el uruguayo Pancho Mayewsky, defensa central: elegante, seco, fuerte. Peniche, yucateco, chaparrito muy veloz. El portero Toño Mota y un joven pleitista: Carlos Albert, hoy comentarista de futbol, entre otros.
Televisa transmitía en blanco y negro los partidos locales de futbol. Cuando nos visitaban equipos sudamericanos o europeos, nos nalgueaban galán. El Chivas-América era ya el clásico. Mi primer campeonato mundial de futbol fue Chile 62. Luego Inglaterra 66. Nos eliminaron pronto. En México 70 estuvimos regulares. Me daba cuenta de la baja calidad de nuestro futbol, pero veía los partidos de la selección. Hasta que llegó Argentina 78: José Antonio Roca, el entrenador y los “televisos”, dijeron que nos codeábamos ya con los grandes y les creí. Nuestros rivales: Túnez, Alemania y Polonia. “A Túnez, le ganamos fácil; con Polonia empatamos y perderemos con Alemania… ¡Pero les costará un coyol!”, dijeron. La paloma de chiapanecos nos reunimos en el “pent house” de un amigo: un quinto piso, en la colonia Nápoles. Llegar al cuarto de criados ya estaba cabrón, pero valía la pena. Nos preparamos adecuadamente (harto trago y botana). Los partidos empezaban más o menos a las dos de la tarde:
Primer juego: Túnez 3, México 1. ¡Perdimos! ¿Idiay, que pasó? Desconsolados, nos embolamos. Segundo juego: Alemania 6, México 0. ¡La gran puta!, se suponía que nos ganarían pero que les costaría un coyol. ¡Otra decepción, otra borrachera! Ultimo juego: Polonia 3, México 1. ¡Fracaso total!
Juré no ver más futbol y lo he cumplido.
Esporádicamente veo alguno de los mundiales. Seguimos siendo manipulados por la prensa y por las televisoras (ahora son muchas). No me he perdido de nada y creo haberme ahorrado decepciones y disgustos. ¿Habrá alguien que nos haga entender que el futbol no es un deporte para nosotros? Lo nuestro es el boxeo, pues todos los días entrenamos, agarrándonos a madrazos con la pobreza, la desigualdad y la injusticia.
Hoy sé que el futbol no es para mí. Lo mío, lo mío, es el jaibol y estoy dispuesto a representar a mi país y competir hasta hacer morder el polvo a mis adversarios. ¡O prometo morir en el intento!

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