El humano es temeroso de lo que no sucederá
Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]
Retornamos al siglo XVIII.
Después de este corto periodo de hablar de la independencia, antecedentes, vida independiente, liberales contra conservadores, reforma antecedente de la Revolución Mexicana enfocada desde el siglo XIX, retornamos a María de Angulo, Antonio Obeca, el presbítero Carlos y Severiano, el cacique tlaxcalteca coleto.
-El humano -decía Antonio Obeca- es el único animal que reza.
No podemos negar que estamos hechos de carne, sobrevivimos por ser amantados.
Nos parecemos más a los productores de leche que a los reptiles, aunque tenemos dedos reptilianos.
Es el único animal quien se postra ante otros, otorgándole posesión de su vida, bienes, miedos, logros y esperanzas, produciendo seria descomposición entre lo que debe ser, dar y recibir.
¡Imagínate: tengo qué decirle cómo vivo, si no, me va a mandar a Inquisición, quedándome sin nada en el mejor de los casos y además muerto, en el peor!
–Antonio, bájale un poco a tus reclamos. De mi parte, no te voy a mandar a ninguna parte.
-Sí, ya lo sé Carlos, a ti no te conviene abrir la boca porque realmente no eres dominico, sino eres jesuita. Te has quedado oculto en estos valles para no ser deportado a Europa como el resto de la orden, porque así le convino al Papa, como en el siglo XIII le convino a Felipe el hermoso, Rey de Francia, quedarse con los bienes de los Templarios.
Con ustedes han sido más benévolos. Es que no fue el Papa, sino el rey Carlos III de España, a partir del 2 de abril de 1767 los deportó, subsistiendo como orden, si no, estarían anulados.
–Te engañas Antonio, el Papa Clemente XIV, en 1774, quiso desaparecer la orden; pero no pudo por cosas que escapan a nuestro entendimiento. Dícese que lo presionaban España, Portugal, Francia y Nápoles.










