Enrique Flores Amastal Ciudad de México

Recuperar el tiempo
El hombre pretende recuperar, del tiempo,
aquella fotografía de su infancia,
aquel momento del deseo,
de poseer lo soñado, ensueño juvenil
maravillosa pretensión de lo imposible.
Juvenil entorno, contrario a su invierno,
el hombre se niega a despertar y en su locura
vive nuevamente el aroma de tu piel,
acaricia tus cabellos y besa tus labios,
te desea y es posible el acto del reencuentro
pues solo es un sueño, despierta.
El viento se lleva los ensueños,
y en aquel valle desértico
los acuna en los picos más altos,
cerca de las nubes y del cielo azul
para que duerman con las estrellas.
Mil años o quizá más dormirán
en aquellos picos helados,
hasta que la voz del poeta,
oteando el horizonte los llame
y ellos despierten de su letargo
y estrenen sus alas para volar
y lleguen al punto de la voz de quien los llama.
Habrán despertado y vivirán de recuerdos,
de paraísos perdidos en las grandes hondonadas,
en las llanuras donde las aguas cantarinas de arroyos
irrumpan la quietud de tulipanes y gaviotas.
El hombre recupera en sueños, su tiempo,
su infancia, sus imposibles se vuelven posibles
pero solo son sueños… despierta.

El viento
El viento juega con tus cabellos,
cubre tu cara, desdibuja tu rostro
y tu risa es un lenguaje y juegan
a los encantados y con tus cabellos
te fustiga.
El viento trae sonidos lejanos
que tu cuerpo entiende,
dibuja tu cuerpo, acaricia tus muslos
y toda tu geografía.
Hay una alianza entre ustedes dos
que los hace disfrutar de sus juegos.

Enrique Flores Amastal

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