Marco Alvarado/Diario de Chiapas
Este lunes miles de personas se congregarán en los recintos marianos del país para vivir una expresión del sincretismo cultural, que celebra una supuesta aparición ocurrida hace 491 años en el cerro Tepeyac, y que es hoy una de las columnas de fe más importantes del catolicismo en todo México.
La advocación de la Virgen de Guadalupe cada 12 de diciembre arrastra a millones de fieles en vistosas peregrinaciones y manifestaciones de fervor religioso, comparadas a las de Lourdes, Francia y Fátima, Portugal, que son, además de la mexicana, las únicas supuestas apariciones que la Iglesia Católica reconoce plenamente.

La historia que comenzó a principios de diciembre del año 1531, en la que juega un rol importante un indígena identificado como Juan Diego, hoy elevado a la categoría de Santo, mezcla significados prehispánicos con elementos españoles que dan forma al culto católico mexicano, y su particular expresión en la fiesta guadalupana.
Por ejemplo, la Agencia Católica de Informaciones (ACI), reconoce que los pueblos mesoamericanos, desde tiempos remotos, veneraban en el cerro Tepeyac a una deidad a la que nombraban Tonantzin, y que por esta razón fue más fácil la asimilación de la otra supuesta aparición, ocurrida ya en tiempos de fuerte presencia española, y la construcción teológica para identificarla como madre del Dios cristiano.
De acuerdo con la ACI, hay elementos importantes en la imagen que hoy se venera, como el cabello, que lo lleva suelto, lo que entre los aztecas era señal de virginidad; mientras que sus manos están juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, que podría simbolizar la unión de dos razas distintas.
Su gravidez se constata por la forma aumentada del abdomen, donde se destaca una mayor prominencia vertical que trasversal, lo que corresponde a un embarazo en su última etapa.
El ayate celosamente guardado en el recinto construido en su honor, en la Ciudad de México, donde se plasmó la imagen de Guadalupe de una forma supuestamente sobrenatural, la muestra rodeada de rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura, y está de pie en medio de la luna, y no es casual que las palabras México en náhuatl son “Metz – xic – co” que significan “en el centro de la luna”. También es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida. Marca los hilos de la fertilidad femenina y terrestre.
Mientras que la flor de cuatro pétalos o Nahui Ollin es el símbolo principal en la imagen de la Virgen: es el máximo símbolo náhuatl y representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del espacio y del tiempo.
Para el imaginario católico, esta imagen, poderosa en convocatoria, simboliza no solo a la mujer que lleva dentro suyo a un Dios humanizado, sino incluso la identidad cultural del país que estaba por nacer: México.
Creencia que arropa a millones; niños, niñas, ancianos, mujeres, personas de diferentes estratos sociales y capacidades económicas que depositan en la poderosa imagen sus esperanzas, miedos, incertidumbres, favores y agradecimientos, y que los lleva a vivir el 12 de diciembre con el mayor de los éxtasis posibles, buscando la mayor cercanía con aquello que sujeta y fortalece su fe.
En cuanto a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, en el templo dedicado a esta advocación Juan Carlos Mendoza Vázquez, sacerdote de la parroquia de Guadalupe, comentó en entrevista que este año 2022 esperan superar las mil peregrinaciones de feligreses en el marco del docenario de celebración dedicado a la virgen

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *