Dualidad en la conciencia: el educador

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

Hacer el bien y no buscar el mal, es un principio de los valores humanos. El bien y el mal, lo bueno y lo malo, es más que una dualidad en la conciencia, están más allá de una justa medianía. Aristóteles refería a la virtud como una medianía entre dos exageraciones viciosas. Hacer el bien hace buenos a unos, y hacer el mal convierte a otros en un extremo fuera del contexto del bienestar. El mal es tan malo aunque todo mundo lo hiciera, el bien es tan bueno aunque nadie lo practicara. Solo porque se pueda hacer, no significa que se deba hacer. Sigue siendo siempre válido el principio de que no todo lo que es técnicamente posible, es éticamente aceptable.
En la antigua Grecia se practicaban los valores del arte y las virtudes del cuerpo: salud, fuerza física, proporción divina. Las virtudes del alma: sabiduría, valentía, moderación y prudencia (phrónesis). Los valores sociales: respeto, armonía, proporción y jerarquía. Aristóteles, en el capítulo I del libro I de Ética a Nicómaco, afirma que todo arte (téchne) y toda investigación científica, igual que toda acción y elección, debe tender a buscar el bien; y por ello definieron con gran pulcritud que: el bien es aquello a lo que toda persona debe aspirar. La felicidad es adquirida simplemente por el hecho de ser virtuoso y de ejercitar la virtud más allá de los resultados, logros o consecuencias del acto virtuoso.
Un educador no sólo debe poseer conocimientos actualizados, habilidades y destrezas, sino además debe tener principios de ética pedagógica profesional. Uno de los principios éticos en el área de la pedagogía es el bienestar del educando a través de una conducta profesional que sigue los principios de: Beneficencia: siempre hacer el bien, actuar en beneficio de cada sujeto, pero también que con ello se contribuya al bien común; promover el bienestar. No maleficencia: primum non nocere; nunca hacer daño, solo se debe realizar para lo que uno está educado. Bajo este principio, las obligaciones principales del docente incluyen mantener actualizados sus conocimientos y habilidades, conocer las propias limitaciones para definir cuándo referir a un especialista u otro profesional, atender las necesidades e intereses del propio sujeto de conocimiento y así coadyuvar a su autoconocimiento y autorregulación en su proceso de formación de competencias para la vida.

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