Exhiben propuestas de la CNDH como afines a Morena

Apenas seis días se pudo lograr “esconder” el oficio que la Comisión Nacional de Derechos Humanos había enviado a la Cámara de Diputados con los nombres de sus representantes en el Comité Técnico de Evaluación para seleccionar los perfiles de quienes serán los cuatro cargos a consejeros generales del INE que se renovarán en abril de 2023.
Y justo cuando la oposición se enteró, detectó que las dos propuestas son militantes de Morena y cercanos al poder, hechos que contravienen las reglas para elegir a los representantes del órgano electoral.
Los detractores de la Cuarta Transformación aseguran que se enteraron que la designación de las dos propuestas fue de manera sigilosa, “en lo oscurito, de forma irresponsable e inmoral”; los califican de “no ser imparciales y de no tener objetividad”.
Si esto que se denuncia es verdad, la transparencia y la no injerencia de parte del gobierno se manchó de inicio, tal y como las voces de los “conservadores” lo había denunciado en tribuna y en cualquier foro o espacio informativo, tras los desencuentros por la defensa a ultranza del INE que sufrió algunos raspones con el llamado Plan B del presidente Andrés Manuel López Obrador, luego de que la reforma electoral no pasó en el Congreso de la Unión.
Aunque los tribunales serán los que decidan el camino que deberá emprender el INE, para finales de marzo habrá nuevos consejeros que reemplazarán, entre ellos, al considerado hoy en día el funcionario electoral más cuestionado por Morena y el propio mandatario federal, y al mismo tiempo defendido por los partidos opositores al régimen: Lorenzo Córdova Vianello.
Involucrados en este embrollo, la presidenta de la CNDH nombró a María del Socorro Puga Luévano y a Ernesto Izunza Vera, como los representantes de esta instancia para tal efecto. Sin embargo, una vez que los legisladores tuvieron acceso al documento expresaron su desacuerdo.
La primera propuesta estudio hasta el séptimo semestre de Ciencias de la Comunicación entre 1988 y 1994 y es experta en yoga. En el año 2018 se certificó en “Yoga de la Risa por Hilarante México, Filosofía, Dr. Kataria Laughter Yoga International” y en 2019 como “Coach PNL, Heard Coach y Master Coach, por Interbrain Coaching”.
El curricular que acompaña el oficio, de acuerdo a lo que denunció la senadora panista Kenia López Rabadán, la señora Puga Luévano se jubiló como jefa de Oficina de Plantillas en Recursos Humanos del Instituto Mexicano del Seguros Social, es ama de casa y vive en San Nicolás de los Garza, Nuevo León.
En tanto que Ernesto Izunza Vera fue consejero local del Instituto Federal Electoral (IFE) de Veracruz en los procesos de 2000 y 2003, y es asociado de la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos, A.C. desde 1988.
De Puga Luévano no se incluye en su currícula su militancia a Morena como lo comprobó la senadora, quien difundió imágenes del padrón de Morena, en el que aparece como militante, y de sus redes sociales, en donde se declara seguidora del presidente López Obrador.
De Insunza Vera, también hay pruebas de una entrevista en la que rechaza los motivos de la marcha en defensa del INE.
Los llaman “afines al poder” y por ese motivo hoy otra vez la titular de la CNDH es noticia nacional, luego de que López Rabadán anunciara que solicitara juicio político contra Rosario Piedra, que sea destituida e inhabilitada para ocupar cargos públicos. En esta petición, todos estamos de acuerdo, suponemos, que no pasará y habrá “chayito” para rato.
La democracia está en juego, pero por lo que se ve, no hay esperanza de que haya acuerdos satisfactorios para tener un INE fortalecido de cara al pueblo, quien es el que cada que haya elecciones se ve defraudado por las artimañas que utilizan los partidos y los candidatos con tal de llegar al poder.
Hoy es la CNDH la que está en el ojo del huracán, una institución que, en lugar de estar en modo cuestionada, debería ser la que estuviera rigiendo la conducta transparente de los actores políticos.
Por lo que se ve en los escenarios públicos, la señora Piedra refleja una postura condicionada o aliada al régimen. Esta visualización no debería estar pasando en un país que ya había vencido en gran medida la tiranía del partido que ejerció el poder por más de 70 años. Se dice fácil, pero ha sido toda una vida salir del autoritarismo para dirigirnos a caminos oscuros.










