¡Qué agonía!
Vaya que no se entiende la actitud que asumen ciertos personajes de la política o, mejor dicho, de quienes quieren hacer de la política un negocio para sus intereses personales y lo peor es que hay personas que les creen en sus locuras que ya no se sabe quién está peor.
Hace un par de días, el Frente de Organizaciones Sociales Independientes de Chiapas (Fosich), aunque usted no lo crea, condenó la situación política que hay en Perú por la destitución de Pedro Castillo como presidente, así como su posterior encarcelamiento, por los delitos de rebelión y conspiración por el fallido autogolpe de Estado del 7 de diciembre.
René Rodríguez Hidalgo, el dizque dirigente de esta organización social, aprovechó los micrófonos de los reporteros que cubren los acontecimientos cotidianos en pleno centro de la ciudad capital para despotricar contra la política que se genera en el país sudamericano.
En un inicio se dijo que no se entendía la postura que asumía esta organización para hablar de un tema que en el noventa por ciento de la población simplemente no le interesa, no lo conoce y lo que es peor, no le importa.
Si bien el embrollo de este conflicto se baraja en otro terreno, en el del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien afín a su política izquierdista brinda apoyo al gobernante peruano que fue destituido de la presidencia de la República, en Chiapas el asunto es equis y muchos de los pobladores han dicho que primero está resolver los problemas internos y no andar buscando pleito ajeno.
El tema se cuece en otro ambiente, en otra cancha, por lo que lo que diga y haga este personaje y su séquito de seguidores no busca otra cosa más que reflectores para darle renombre a su organización. Esto es lo único que se les puede ocurrir, porque no hay más por dónde lo tomen en cuenta.
Que, si el presidente ordena que, a la familia de Pedro Castillo, resguardada y blindada en este momento en territorio mexicano, después de haberla sacado de la Embajada de México en Perú, le haya dado asilo político, es decir techo y comida, pues es su decisión y va a acorde a su política, y aunque los mexicanos brinquen y pataleen, se hizo.
Sin embargo, el grueso de los mexicanos no les importa, no les interesa y su opinión quizás sea parte de la sobremesa en estas reuniones decembrinas, pero nada de lo que se diga cambiará el destino de la familia peruana.
Con los problemas que se tienen en nuestro diario devenir es suficiente como para que a la gente le importe mucho que el presidente brinde o no protección a determinada persona. El mensaje que el gobierno mandó a los ciudadanos mexicanos de que concretó el salvoconducto para que la familia del expresidente Castillo llegara a México y se hospede en Palacio Nacional o en algún hotel o casa de seguridad en realidad no ocupa ni preocupa.
Algunos medios de comunicación, a propósito de este entramado asunto, hasta aplicaron una encuesta para saber si los mexicanos aprobaban o no que el gobierno federal ofrezca asilo. Más del 50 por ciento dijo no aprobarlo, otro tanto que no sabía y por ahí algunos que sí es buena medida.
Por ello esto de la diplomacia es un tema de palabras mayores, no porque no se conozca el tema de la destitución de Pedro Martínez como presidente ni las consecuencias que pueda tener, sino porque el fondo tiene sembrados intereses políticos que se acomodan a la forma de pensar de López Obrador.
Si el dirigente del Fosich, René Rodríguez Hidalgo, se lamenta por la muerte de 26 personas que ha generado el conflicto, por humanismo, el pueblo de Chiapas está en total acuerdo, pero que le preocupen que no se respetan las causas del movimiento ese es otro cantar.
Y la opinión generalizada de desacuerdo a la postura asumida por la organización es porque en México, en Chiapas y en muchos estados del país, no se ha escuchado al mencionado “líder” pronunciarse por las víctimas de violencia, por las mujeres asesinadas, por los feminicidios, por la pobreza extrema que se vive, por la inseguridad, por la falta de empleos.
Por estas razones no es creíble que la organización se haya manifestado y mostrado con un corazón “solidario” por la política del Perú. Bueno, en todo caso, quizás el día de mañana lo tengamos en la plaza central abogando por que se resuelva el conflicto entre Rusia y Ucrania.
Ahora sí estamos como dice Ángela Aguilar y Yuridia, en el preámbulo de los lamentos, ¡qué agonía!











Un comentario
No estoy de acuerdo con la editorial de este periódico , es una lastima que solo creas que porque lo que pasa fuera de tu casa no te interese, esto no sucede con otras y muchas personas que pensamos que cualquier acontecimiento es de nuestro interés.
Sigan con su apoyo a Monreal , saludezzz.