Caso ministra tendrá un final feliz
En el centro de la atención en todo México, y principalmente en la sobremesa en estas festividades decembrinas, es el tema de la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Yazmín Esquivel, a quien acusan de plagio de una tesis para sustentar su pase como profesional.
Si lo hizo o no, lo sabremos muy pronto, pues es lógico que la persona sindicada no lo hará. La ministra que aspira a ser la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) el próximo primero de enero, reaccionó ocho días después a sus detractores: “A mí fue a quien le plagiaron la tesis”. Una reacción tardía que ahora nadie lo cree.
Eso sí, tómenlo en cuenta, no debería ser político el tema de la ministra, por la sencilla razón de que hace más de tres décadas Yazmín Esquivel ni se imaginaba que estaría aspirando a una decisión clave para presidir la SCJN.
Dijimos, no debería, pero lo es por la sencilla razón de que la defensa que se hace en favor de la ministra está que es la carta fuerte del gobierno federal para la SCJN. En todo este embrollo no deja de sorprender que quiera restársele importancia al tema de la investigación periodística sobre el plagio.
Es más, es lamentable que en los últimos años no se le quiera dar valor a las investigaciones de los periodistas. Pero eso sí, cuando un gobierno requiere de dar a conocer algo, posesionarse, es muy fácil, acude a los medios de comunicación para fijar postura, para anunciar un proyecto, programa, o simplemente, para deslindarse de terminadas situaciones que lo señalen o involucren.
¿Por qué un medio de comunicación o un periodista carece de valor o es que en realidad su trabajo no vale? Que se hable de que en política se enrarezcan las cosas o se tome partido es muy diferente a no querer reconocer que los hechos están ahí, palpables, a la vista de todos.
De antemano, cuando se denuncia alguna anomalía, la víctima siempre negará los hechos hasta en tanto no se le compruebe lo que se le sindica. Lo mismo tuvo que haber pasado en este caso. La ministra no hubiese perdido nada si en lugar de buscar “padrinos” que la defendieran, hubiese asumido la actitud de quienes la acusan le comprobaran y no cometer el error de entrar a la discusión mediática de los dimes y diretes.
Cierto que ha de haber dicho “de esta soy”, y aprovechó hacerse publicidad gratis para asumir la presidencia la titularidad de la SCJN.
Además, el tema no debe andar rebotando de un poder a otro. Se supone que las habas se cuecen aparte y por ello en ningún otro escenario tiene que haber injerencia para decir que los ataques contra la ministra van dirigidos hacia otra dirección.
Quien lo piensa y lo vocifera de esta manera sólo está demostrando en los hechos que tiene no sólo tiene metidas las narices, sino “las manos y hasta los pies”
Una y otra vez se ha dicho que los políticos de ahora no saben cómo deshacerse de los dardos mortíferos que se mandan desde un lado u otro. Esta vez cayó en el garlito la instancia suprema de confiabilidad que debe tener un ciudadano para que defienda sus derechos.
A los yerros por hechos consumados y de percepción en la Suprema Corte, hoy se le suma uno más, que al final podría resolverse con dejar fuera de la terna a la ministra, dado el daño moral que le está dando a la primera y única magistratura del país que debe tener solvencia moral y legal.
De ser responsable del delito de plagio, el mundo se le vendría encima a la SCJN debido a que sus dictámenes en las que ha participado y firmado la ministra “chanchullo”, como ya le llaman en Chiapas sus homólogos, son ilegales, carecen de constitucionalidad al haberse cometido un delito en la carrera profesional de Yazmín Esquivel.
Todos los asuntos tendrían que invalidarse y eso no le conviene a un gobierno que presume ser ya de otro planeta. Sería un golpe descomunal para la vida democrática, transparente y honesta que se dice se práctica todos los días en este mundo de transformación. Sin embargo, los mexicanos sí estamos preparados para soportar este tipo de hechos, lo que no querrán que esto pase es en las esferas políticas de primer nivel. Sería una afrenta.
Ahora que no duden ni un minuto que el final de esta novela será tener una ministra intachable, inquebrantable, elegida presidenta del Supremo Tribunal de Justicia de la Nación y el que demandó plagio esté siendo reconvenido y sancionado como un hijo de tal por cual. Un final idéntico a la película La Ley de Herodes.










