El Metro, un obstáculo rumbo a la presidencia de la República
El servicio del Metro en la Ciudad de México es el peor dolor de cabeza para las aspiraciones políticas de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, pues mientras ella dice que no hay que descartar sabotaje en los últimos “incidentes” como le llamó al choque de trenes donde hubo una joven muerta y más de 100 heridos, el sindicato asegura que no hay que buscarle tres pies al gato, ya que lo que hace falta son recursos para darle mantenimiento a todas las líneas.
Lo trascendente de este problema es que el gobierno federal y el local no les ha parecido importante resolver la problemática de este servicio que mueve a más de cuatro millones 600 mil personas al día. No han dimensionado que el Metro es mucho más significativo atenderlo que andar promoviendo la imagen de la señora Claudia en otras latitudes.
El domingo pasado, mientras la jefa de Gobierno y otras autoridades festejaban la reapertura de la Línea 12 que hace casi dos años había sufrido una tragedia, tras “fracturarse” los tornillos de las vías del tren, según el diagnóstico final, la fiesta se les aguadó horas después, tras registrase un par de “incidentes” que no pasaron a mayores. Uno de ellos, el más sorprendente, es que se desprendió un vagón de la Línea 7.
¿Qué es lo que pasa en realidad con la prestación de este servicio? Nada que la autoridad no quiera reconocer. Es decir, sólo decidirse a dedicarle por lo menos, en lo inmediato, cerca de 40 mil millones de pesos para iniciar los trabajos de mantenimiento. Es fácil, dinero, mucho dinero.
Cierto, y en este caso hay mucha razón al argumento que siempre ha utilizado el gobierno federal para deslindarse de su responsabilidad: la falta de mantenimiento ha sido propiciada por los gobiernos anteriores, pero hay que recordar algo muy importante: los que han estado en el poder en la Ciudad de México, antes llamado Distrito Federal, han sido gobiernos también emanados de la oposición, hoy en el poder.
Del 2000 al 2005, es decir, hace 22 años a la fecha, empezó la gestión el hoy presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador; un año después (2006), lo sustituyó Alejandro Encinas Rodríguez; de 2006 a 2012, estuvo al frente el hoy secretario de Relaciones Internacionales, Marcelo Ebrard Casaubón; de 2012 a 2018, Miguel Ángel Mancera Espinosa, quien gobernó hasta el mes de abril; en este último lapso estuvo 8 meses José Ramón Amieva Gálvez, y del 2018 a la fecha, las riendas las lleva Claudia Sheinbaum.
AMLO, Encinas, Marcelo y Claudia, suman 17 años de administrar los destinos de la Ciudad de México. Un dato interesante para deducir que al Metro no se le inyectaron los recursos suficientes para tener un servicio de primera, seguro, garante de la integridad física de los usuarios.
Justo acá está el tema del que nos referimos: se han olvidado de atender este sector y las consecuencias graves están a la vista. Lamentablemente, para efectos de reposicionamiento o de adquisición de adeptos rumbo a las elecciones del año próximo, el tiempo lo tienen encima y no habrá oportunidad de realizar los trabajos necesarios emergentes para quedar bien.
Justo de este lado es donde la oposición ha logrado escalar y como prueba es el golpe tremendo que el PAN le propinó a la jefa de Gobierno en las elecciones de 2021, donde perdió casi la mitad de las delegaciones.
En sí, la tarea no está nada fácil, más cuando sobre la conciencia de Claudia y de Marcelo, recaen los señalamientos de las pérdidas humanas por los accidentes de las líneas 12 y 3 del Metro.
Algo tienen que hacer y pronto para no estar argumentando sabotajes. Los trabajadores saben, y así lo han externado, es que, a la falta de inyección de recursos, las posibilidades de que haya más “percances” es cada día una realidad.
Por ello se entiende que no hay mano negra. La vida útil de equipos y cableado ha llegado a su fin. Son 53 años de que el Metro está en servicio. Por ello la medida populista de ubicar más de 6 mil elementos de la Guardia Nacional sólo traerá más problemas, incluso para los propios empleados que han sido acusados judicialmente por los elementos castrenses, cuando éstos, no saben la operatividad del Metro ni cómo es que se mueven los trabajadores.
El sindicato de este servicio ha reiterado que la presencia de los guardianes del orden no es necesaria porque en lugar de beneficiar obstruyen su labor. En este aspecto, quizás no haya mucha razón, porque existe la sospecha de robo del material desde adentro del Metro y pues la función de vigilancia de la Guardia puede ser hasta cierto punto referencial para estar presentes cuidando las entradas y salidas.
Las cuentas alegres de inversión a la red no cuadran, por lo tanto, para rescatar al Sistema no hay que reinventarse ni inventar cuentos de hadas, sólo hace falta cash, pero que se invierta como debe ser, no que vaya a parar a otros destinos para cumplir sueños presidenciables.










