Juan Carlos Gómez Aranda

Mientras avanza el reloj para el corte de caja sexenal, aumenta la temperatura política del país por los muchos fierros en la lumbre. En algunas zonas se vive en medio de un clima de crispación y zozobra causado por la inseguridad, la carestía y la falta de oportunidades que con frecuencia obliga a emigrar a los más atrevidos o desesperados. Son miles las familias que sobreviven gracias a los programas sociales del gobierno federal y por las remesas que, leales, envían nuestros paisanos desde los Estados Unidos. Mientras, en el sector productivo les preocupa, además, la falta de energía eléctrica limpia para impulsar nuevos negocios y particularmente para favorecer la relocalización de empresas que quieren establecerse en México para aprovechar sus ventajas comerciales y geográficas, además de los litigios internacionales y la falta de certeza jurídica para las inversiones.

Dentro de casi cuatro meses se elegirán gobernador y diputados al congreso local en Coahuila y gobernador en el Estado de México, estados considerados bastiones del PRI, porque ahí no ha perdido nunca la gubernatura; un año después, junto con la Presidencia de la República se disputarán nueve gubernaturas y se renovará el Congreso de la Unión con sus 500 curules y 128 escaños. Además, en muchas de las entidades federativas se elegirán diputados locales y ayuntamientos. Serán miles los aspirantes a los cargos en disputa.

La polarización del debate, inducida desde la agenda presidencial ha devenido en movilización social en las calles y la definición de la reforma electoral propuesta por el Ejecutivo quedará en la esfera de la Suprema Corte de Justicia, ante el fracaso del oficio de la política para lograr consensos legislativos. Por el mismo motivo, para nominar a los cuatro consejeros electorales del INE que procede renovar próximamente se utilizará probablemente el método de insaculación o la chiripa.

Por ahora, los partidos marcaron su prioridad: son tiempos de la política y más precisamente, de la política sucesoria. En Morena las mal llamadas corcholatas rascan la arena y actúan en el filo de la navaja en el terreno legal, se promueven –como lo hacen en otros partidos– con espectaculares, bardas y giras de contenido simulado. Morena inició hace dos días una pasarela para sus aspirantes presidenciales, después de que lo pensaron bien y decidieron que siempre sí puede participar el senador Ricardo Monreal, a quien parece que sólo le dan pase de ingreso a tan selecto grupo para evitar la posibilidad de que encabece algún proyecto discordante.

Apenas ayer, el dirigente de Morena anunció que será en julio cuando lance la convocatoria para la candidatura presidencial del 2024 y uno de los requisitos será que acepten sin rechistar los resultados de las encuestas, cuando es sabido que tanto el senador Monreal como el canciller Ebrard han expresado sus reservas ante este método. Es cierto, existen casos, como los recientes de Oaxaca y Coahuila, donde los sondeos no favorecieron a los percibidos como favoritos y aún con los riesgos de ruptura, se respetó el resultado.

Por los rumbos de la alianza opositora formada por los partidos PAN, PRI y PRD, reina la confusión respecto de la conducción del proceso que lleve a la definición de su abanderado presidencial, después del acuerdo de que el PRI nombraría a los candidatos a gobernadores en Coahuila y el Estado de México –lo que no podía ser de otra manera ya que esos estados son encabezados por priístas– y el PAN dirigiría el mecanismo presidencial.  Por más que el PRI asegure que no ha cedido la potestad de elegir candidato, la realidad es que, al ceder la conducción del proceso, reconoce implícitamente que el PAN sea quien lo defina. Por algo será que el PRD se ha mostrado inconforme con este método.

Por su lado, Movimiento Ciudadano no se mueve de su línea y competirá en solitario, estrategia que le ha dado como resultado que gobierne dos de los principales estados del país. Su apuesta será a crecer en el legislativo, municipios y estructura territorial, sabedor que cuenta con un prospecto que si bien es un enigma, se anticipa formidable.

Mientras tanto, la realidad se impone sin refreno y seguiremos viendo y oyendo arengas que polarizan a la sociedad y a las familias, donde una vieja regla de las abuelas ha tomado vigencia: prohibido hablar de política. La frase bíblica que reza “quien no está conmigo, está contra mi” no tiene cabida en política, pues para decepción de muchos líderes, gran parte de la población no está a favor ni en contra de ellos. Es más, les son indiferentes porque lo que realmente quieren es que se resuelvan los problemas.

Reducir el criterio de las personas a esta sentencia es equívoco. Se trata de un falso dilema porque el reto que tienen los políticos es esforzarse para convencer y esto solo se logra por afinidad ideológica o por la capacidad de hacer propuestas viables; pero sobre todo resolviendo las nuevas y las viejas dificultades de las personas, que lo que más anhelan es tener trabajo y vivir en paz. Nada más. Nada menos.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *