Alza a las tarifas de peaje
Los chiapanecos amanecieron el martes con la desagradable noticia del incremento descomunal a las tarifas de peaje en las casetas que operan en la entidad, en las rutas que van de Ocozocoautla a Arriaga, con sus tres terminales de cobro, y la de Tuxtla Gutiérrez-San Cristóbal de Las Casas.
El problema no es el incremento, sino desgraciadamente a la falta de respeto que la concesionaria española Aldesa realiza de botepronto, sin ninguna misericordia a la necesidad que padece el pueblo chiapaneco, principalmente de quienes hace uso de estos tramos para ganarse el pan de cada día, como es el de los transportistas.
Ni tampoco se tienta el corazón, si es que sus funcionarios lo tienen, el gobierno federal a través de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, quienes no han dicho ni “pío” al artero y fulminante incremento a las tarifas.
Lo peor de todo, es que una vía de comunicación tan importante como la de Tuxtla a San Cristóbal, y viceversa, utilizada por miles de usuarios al día, sea factor de alta peligrosidad y de constantes percances automovilísticos.
Los trabajos de ampliación de la carretera que llevan por lo menos dos años, no terminan, siguen siendo un problema para la comunicación fluida y a la generación de percances. Esto se genera, en gran parte porque la operatividad en las labores de rehabilitación y ampliación de la carretera no ha sido de lo más eficiente.
Este incremento es el segundo en menos de un año. El golpe al bolsillo de los chiapanecos y quienes hacen uso de estas carreteras ha sito letal, fulminante. Los incrementos no podrían ser más certeros pues se trata de las vías de comunicación que conducen a los dos principales escenarios turísticos de la entidad: las playas, que es la vía que conduce a la Costa Chica y la de San Cristóbal, la que recibe a los extranjeros que gustan de su clima, cultura y tradiciones.
Nada menos que 74 pesos fue el alza por cruzar las tres casetas que consta de 93 kilómetros que llevan a la costera. Hoy hay que desembolsar 60, 63 y 125 pesos. Hasta el pasado lunes, las tarifas costaban 52, 54 y 105 pesos.
Habría que precisar es que se habla de sólo automóviles compactos, sin citar los incrementos para motociclistas, camiones, según sus ejes. Los transportistas de carga también reciben un fuerte impacto en sus finanzas.
Esto significa que quizás cuando usted esté leyendo esta información, los transportistas en sus diversas modalidades que circulan por estas carreteras estén anunciando nuevos precios a sus tarifas.
Y es lógico que no serán ellos los sacrificados, sino como suele suceder, es el pueblo es que lleve la mayor parte. En tanto, ¿dónde están los políticos, los que andan haciendo campaña adelantada, para salir en defensa de estas arbitrariedades? ¿En qué se basa la concesionaria Aldesa para modificar sus tarifas de manera unilateral? ¿Dónde está la Secretaría de Transportes?
Sería justo y necesario que desde la presidencia de la República se haga un exhorto a la propia SCT que debe ponerse los pantalones para que no la vean como una institución de membrete.
La actitud abusiva de la concesionaria está a todas luces evidenciada. Su postura puede orillar, sin embargo, a que la gente tome el ejemplo que hicieron los valientes pobladores de toda la Costa, cuando hace más de dos décadas se construía la súper carretera o autopista -si así le quiere llamar- y al ver los pobladores que las tarifas estaban por los cielos, se organizaron y se negaron a pagar.
En ese entonces el gobierno federal intervino y tuvo que financiar los costos. En hechos como estos, se lamenta la actitud sumisa de la autoridad federal al permitir atropellos, pues no se trata de que el usuario desembolse tal cantidad de dinero, el problema es que no se tiene.
Ahora bien, no sólo el sector transportista subirá sus costos, sino que el encarecimiento de los productos básicos y de servicios que llegan a estas regiones tendrán una repercusión importante. La Central de Abastos, por ejemplo, ya alista un reajuste, según anunció el área administrativa.
Por eso decimos que la autoridad ha sido rebasada, pues ahora cualquier hijo de vecino hace lo que se le hincha la regalada gana, total, no pasa nada.










