Formas de enseñar y aprender: la memoria
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Una mirada histórica cualquiera, permite atestiguar tanto la fluidez de los cambios, como la resistente persistencia de ciertas continuidades en las prácticas sociales. Se puede hablar de la necesidad de innovar en las formas de enseñar y aprender, mientras se construyen edificios que perpetúan la práctica de la educación tradicional, con muebles y espacios que construyen sentidos antiguos de estudiantes inmóviles, profesores observados y actividad sincrónica dirigida al frente.
El caso de la memoria es paradigmático. La erudición era una marca distintiva del gran profesor, distinguida como capacidad de atesorar, no solo conocer sino recordar, albergar en la memoria, todo sobre su materia. Los estudiantes tomaban nota minuciosa de contenidos que difícilmente pudieran recuperar en otros sitios.
La situación hoy ha variado y no solo por la accesibilidad y disponibilidad de información; se reconoce la provisionalidad, contingencia y multiplicidad de los conocimientos científicos, así como la pequeñez y vulnerabilidad de algunas certezas.
Esta variación en las condiciones del contexto, supone un cuestionamiento de la memoria como fin en sí mismo. Frente a esta revisión, se erige una feroz resistencia al abandono de técnicas de recuperación memorística; como impulso de esta resistencia, el debate se radicaliza y los defensores de las tradiciones interpretan el cambio como una negación total del valor de la memoria. Tal negación es, sin duda alguna, un absurdo: la memoria es absolutamente necesaria para la vida mental sana, para la funcionalidad cognitiva. La memoria no solo es necesaria para promover el pensamiento, es necesaria para vivir, pero esto no la convierte en el fin de la educación.
Existen nuevas habilidades que claramente requieren de una función tutorial docente, que en muchos casos se procuran de manera experimental con creciente profesionalización. La resolución de casos y problemas, el desarrollo de proyectos, han aparecido como actividades de aprendizaje especialmente relevantes en los nuevos escenarios que, no obstante, aún compiten con ejercicios de recuperación memorística que se escudan bajo el pretexto: “necesitamos saber si saben”. Pretexto que desconoce lo que la didáctica ha aprendido sobre el aprendizaje, la comprensión y la propia memoria.
Cuando lo nuevo y lo antiguo conviven en la propuesta didáctica, suele haber sobrepoblación de exigencias y confusión. Lo nuevo, lejos de reemplazar lo viejo, se adiciona. La clave parece residir en la formación docente; la profesionalización de los educadores también implica una teorización-practicalización-reteorización, de cuestiones como estas.










