El pecado: gran negocio

Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]

¡Imagináte! Te hacen dar dinero para que no vayas al infierno, siendo que el infierno lo creas con tu actos.
¡Sí que somos meros crédulos!
Acaso la respuesta es: ‘el hombre, es lobo del hombre’. Como un carnívoro nutriéndose del débil.
Veamos la semejanza simbólica del poder celestial, representado por la antigua tiara papal usada hasta Pío XII y la corona real inglesa.
Baltasar Gracián, en El Criticón, compara a Dios y Huitzilopochtli.
–Estás errado -expresó Antonio Obeca- son como en la ciudad ideal, gobernada por los justos, ya sea en Utopía de Moro, decapitado por justos o por la República de Platón.
Quien estudia no lo digiere y en consecuencia no lo acepta, permanece callado.
Quienes te consideran carente de inteligencia, te sumen en la ignorancia.
Creadores de siervos, vividores del haber. Los electos para la vida eterna, al no respetarse se autoagreden.
¡No hay futuro terrenal!
¿Acaso solo el trabajo y la religión sirven para que seas esclavo de la labor?
Un comentario de una familia inglesa relacionada con la realeza: la nobleza británica tiene 1000 años y fue electa por Dios.
¿Familia electa por Dios? ¡No saben historia! Entonces, los de la realeza viven con opulencia.
Dejemos el siglo XVIII y trasladémonos al XXI: a pesar de la ciencia y la técnica, los súbditos viven mal, por ejemplo en Gales.
En pleno Siglo XXI, hay gente comiendo comida para perro y alumbrándose con vela. Se culpa al encarecimiento del gas. ¡No existiría, si no hubiera destruido occidente los ductos rusos!
Los miembros de la OTAN no europeos, no sufren carencias.
¿Por qué se dejan embaucar los cultos del viejo continente? Tampoco, si la población global fuera de 2000 millones y no de 8 mil.
Los mansos viven en las carencias, producen para los privilegiados. Se reproducen sin saber que menguan su salud. En la cadena alimenticia, el depredador vive del herbívoro.
¿Acaso el principio creador favorece a los menos desamparandos, a la mayoría?
En consecuencia, en este plano existencial, la justicia divina, a través de la aplicación de los diez principios morales o mandamientos, se ve reducida a letra sin contenido por quienes elevan plegarias.

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