Florido lenguaje en el Senado

El miércoles, durante la sesión celebrada en la Cámara de Senadores para deliberar y posterior votación sobre el Plan B electoral que mandó el presidente Andrés Manuel López Obrador, la cual finalmente fue aprobada por la mayoría de Morena y sus partidos satélites como lo son el Verde Ecologista de México, y del Trabajo, los mexicanos pudieron apreciar en qué se ha convertido esta sede legislativa.

Un circo, un mercado, donde las ofensas, vejaciones y hasta la intromisión en la vida privada de los legisladores y legisladoras salió a relucir, todo por defender lo que creen que será lo mejor para el país. 

Lo que realmente sería una sesión de trámite, debido a que ya se esperaba la aprobación simple de la mayoría de los integrantes del Senado, se volvió una arena de lucha libre o de un cuadrilátero donde los partidos se daban con todo.

La sala de sesiones se ha convertido en una arena de pelea verbal, en la que se dan sombrerazos y uno que otro intento por llegar a los golpes, menos en la tribuna máxima del país donde se puedan escuchar planteamientos, propuestas, debates y demás análisis de hombres y mujeres que vean a la nación como la verdadera causa para sacarla delante de sus problemas y donde también se ventilen temas únicos que refuercen iniciativas de vanguardia.

Pero no, tal parece que la misión es darse hasta con la cubeta, y destacar a ver quién dice mejor el ramillete de majaderías, mentadas y toda clase de palabras que sólo escuchamos en el barrio, en el pueblo, en un encuentro de futbol o cualquier escenario donde se disputa un juego de determinado deporte.

Es lamentable decirlo, pero las senadoras de los partidos Morena y PAN, sobre todo, nos enseñaron porqué hemos sido sancionados en los escenarios del futbol mexicano a nivel internacional, pues pronunciar la palabra puto -cuyo significado es denigrar-, demerita la educación que como país tenemos.

En la sesión del miércoles quedó claro por qué “la puta democracia” no avanza, por qué estamos en pañales en cuanto a debate legislativo se refiere, si los parlamentarios se esfuerzan en demostrar de qué están hechos.

Literalmente nuestros representantes populares han sacado el cobre, y como se viralizó en las redes sociales, los mexicanos no queremos esos espectáculos que denigran y que demuestran en la realidad, la escasa cultura y educación que poseen quienes nos representan.

Volvimos a escuchar finísimos enunciados o palabras que hacen ver que el debate no es de altura de miras, sino de una bajeza de quien la pronuncia. Se entiende que la defensa a ultranza de un debate tiene muchas aristas e intenciones políticas, pero eso no el tema de análisis, por ahora.

Es atroz y triste que los senadores, senadoras, diputados y diputadas en esta legislación que fenecerá en 2024 se enfrentan en una lucha encarnizada, donde sale a relucir el hígado, no las propuestas o defensa objetivo del tema.

Con perdón a las mujeres que se ganan la vida vendiendo sus productos en los mercados, las senadoras nos hicieron recordar que su nombre de pila ya no debe ser la de representantes populares que ocupan una curul, sino la de placeras, porque gritan no para vender sus productos sino para defender a costa de los que fuese, la instrucción que han recibido de su bancada.

Vociferan, mientan madre, ofenden sin ningún recato y justo el tema de Genaro García Luna, el súper policía en los tiempos de Felipe Calderón Hinojosa, fue la ocasión propia para maldecir, para arropar y vociferar dignas palabras de nuestro castellano como “mafufo”, “usurpador”, “criminal”, “hiena”, “cabrón”, “puta”, “palero, “pandilla de rufianes “hampón”, “lambiscón”, y muchos más que están registrados en las crónicas parlamentarias de los reporteros de la fuente.

La que llamó la atención fue la blasfema que soltó la senadora de Morena, Rocío Abreu, contra su homóloga Lily Téllez, a quien directamente amenazó con difundir un video apto para mayores de edad, sólo porque la panista le recordó el dinero que recibió en bolsas de papel, supuestamente para apoyar en 2018 la candidatura de la controvertida gobernadora de Campeche, Layda Sansores San Román.

Desde el Senado se insulta y se amenaza, y lo que hizo la legisladora es digno de tomar en cuenta, pues la ley prohíbe difundir este tipo de videos, y peor aún, que se hagan desde la máxima tribuna del país.

Algunos dirán que este show, este florido lenguaje, lo quisiéramos escuchar en otras sedes legislativas, pero lamentablemente la oposición no existe o está maiceada.

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