La crónica hablará por Chiapas

Algunas anécdotas del General Charis (1896-1964)

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Presentamos esta crónica de la maestra Sofía Mireles Gavito, Cronista de Tonalá, Chiapas.

Primera de tres partes

El Dr. Efraín Toledo Sumoza, Presidente del extinto Grupo Cultural “La Peña del Sol” de la ciudad de Tonalá, quien falleció en el año 2003, escribió un artículo sobre el General Heliodoro Charis Castro en el año de 1997. El Dr. Efraín Toledo nacido en Tonalá, pero con raíces istmeñas; conoció al Gral. Charis por los años 30´s, iniciando una gran amistad con él, a tal grado que fue su médico de cabecera una buena temporada. Nos comentaba el Dr. Toledo, que Charis no le pagaba por su trabajo, pero a cambio lo invitaba a comer, por lo cual convivieron buenos ratos y así conoció muchas anécdotas de este personaje.
El Gral. Heliodoro Charis nació el 3 de julio de 1896, era de origen indígena y humilde, que lo privó de ir a la escuela, por lo que no sabía leer ni escribir. A la edad de 15 años se dio de alta en el ejército revolucionario. En la Decena Trágica, Charis se levantó en armas en contra de Victoriano Huerta, junto a José F. Gómez.
Posteriormente se adhirió al Plan de Agua Prieta y se unió a las fuerzas de Álvaro Obregón, quien lo nombró General Brigadier. Participó al lado de Joaquín Amaro en la Batalla de Ocotlán, Jalisco, el 9 de febrero de 1924 con su 13º. Batallón de 300 juchitecos. Ese día a las 11 de la mañana, salieron rumbo a la vía del ferrocarril, a quitar la artillería. En esta lucha resultó herido de una pierna y un brazo, pero ganaron la batalla.
Igualmente participó en la Campaña Yaqui en Sonora, derrotando al enemigo sin sufrir ni una sola baja. El 24 de mayo de 1928 participó en el asalto de Manzanillo o Batalla de Manzanillo, donde hubo 123 muertos del ejército cristero y 29 soldados federales, victoria que lo consolidó como uno de los mejores generales de la época.
Fue Diputado Federal (1926-1928) por el 17º distrito electoral de Oaxaca y Senador de la República (1940 a 1946). Una vez retirado del servicio activo del ejército en Querétaro, a mediados de 1931, se dedicó con contagioso entusiasmo a la política y a la agricultura.
Comentaba el Dr. Toledo, que desde el primer momento que lo conoció lo impresionó por su austera figura, su gallardía y su bonachonería. Su mirada dura se dulcificaba cuando reía, lo que hacía frecuentemente, pues estaba pronto al chiste y al retrueco. Se reía de las bromas de mal gusto, en las que lo señalaban como carente de instrucción. Su sentido común era muy agudizado, lo salvaba del escaso acervo de conocimiento y siempre respondía a todo y a todos, rápida y sutilmente. Como ejemplo de lo que he dicho de su personalidad, van los siguientes relatos que él mismo hiciera…
Continuará.

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