Pantelhó, el principio de un ajuste de cuentas

Lo que pasa en el municipio de Pantelhó se venía venir. Lo dijimos y no es que seamos adivinos, pero la falta de rigor para aplicar la ley y obligar a los integrantes del grupo “El Machete” a decir dónde se encuentran los 21 hombres desaparecidos que exhibieron en la plaza pública el 26 de julio de 2021, 19 días después de su aparición, trae, por lógica, que haya ajustes de cuentas por parte de la parte ofendida.

Por lo menos en el papel esto suena lógico. Recordemos que Pantelhó puede interpretarse como “pueblo chico infierno grande” y justo por ello se sostiene que quienes encabezan y lideran la “gobernabilidad” en Pantelhó no es ni el Ejército Mexicano ni la Guardia Nacional ni mucho menos la policía estatal que mantienen retenes a la entrada del municipio indígena.

Los que mandan son los llamados autodefensas, que por lo que han demostrado, de defensores no tienen nada y se han convertido en transgresores de la ley. Por eso la furia que desataron tras el asesinato de una mujer, esposa de uno de los comandantes del grupo armado, comprueba que han sido heridos en sus propias prácticas justicieras.

La tarde noche del miércoles, se conoció la noticia del atentado contra la mujer en un paraje del municipio. Prácticamente fue “cazada” por los adversarios de “El Machete”. Lo que hizo el grupo que tiene el control del municipio es justamente anteponer barbarie y claro que no podría esperarse de otra manera.

Esto dista mucho de cuando hicieron su aparición pública, que justificaron su presencia para defender al pueblo del avasallamiento que ejercía por años el grupo “Los Herrera”, confabulados y protegidos éstos últimos por los gobiernos perredistas que tenían control de la zona por varias administraciones municipales.

Fueron más de 20 años de homicidios, dominio brutal de quienes ostentaban el poder. En ese municipio no podía gobernar otro que no fuera el PRD, de ahí que cansados de las brutalidades que, hacia el brazo derecho de dicho partido, es decir, la familia Herrera, los autodefensas ingresaron al escenario de la política y del control total.

A raíz de ello, el gobierno federal no ha podido someter la serie de desmanes que se siguen presentando en Pantelhó, pero, sobre todo, no ha querido resolver o por lo menos, decir qué fue lo que pasó con los 21 hombres que en julio cumplen dos años de haber sido exhibidos en el kiosco de la cabecera municipal y desde aquella fecha, no hay rastros de ellos.

¿Qué fue de ellos? ¿Dónde están, con vida o muertos? ¿Qué fue de sus cuerpos, donde los tienen o en el peor de los casos, dónde los enterraron? ¿Cómo los mataron? ¿Dónde está la intervención de la Secretaría de Gobernación, de la Fiscalía General de la República o la coadyuvancia de los operadores políticos de la Secretaría de Gobierno?

El caso no tiene la importancia ni lo comparan con el que ha generado la desaparición y en los últimos meses reconocidos oficialmente como asesinados, normalistas. Aunque se les acusen de ser partícipes en los actos criminales que hayan cometido en su tiempo “Los Herrera”, las personas que hoy sus familiares claman noticias de ellos, también son seres humanos y por negro historial que hayan tenido, merecen respeto a su integridad física, a sus derechos, además de que en este país no se permite que se haga justicia por propia mano.

En este caso, salvo angustiadas madres y esposas de los considerados desaparecidos que claman su aparición con vida o mínimo los trasgresores de la ley informen donde están los restos para que les den cristiana sepultura, no hay agrupaciones sociales ni organización o partido alguno que encabece protestas para exigir la aparición de los 21 pobladores de Pantelhó.

No sabemos qué vaya a pasar, es decir, si el gobierno federal siga cruzado de manos, privilegiando la política de abrazos no balazos, si quedará para la inmortalidad los verdaderos sucesos, lo que sí creemos es que la situación no sólo será tensa, sino que se estaría al borde de una guerra civil. Y no se está exagerando, como van las cosas, no dude que ya estén organizados los que se dicen víctimas de “El Machete”.

Hoy más que nunca se añora que los intelectuales de quitar y poner alcaldes y alcaldesas en dicho municipio, los hermanos César y Olga Luz Espinosa Morales, según acusaron los propios pobladores, se den una vueltecita para que ayuden a resolver la crisis violenta que se avecina.

Por lo pronto, a los hechos del miércoles, no hay una sola postura oficial, así es que la expectación de cómo están las cosas en el municipio tendremos que imaginarla como la de escenarios de extrema violencia porque para estos hechos, entidades como las comisiones nacional y estatal de Derechos Humanos son letra muerta, es más, sus titulares no saben ni dónde se ubica el municipio indígena de Pantelhó en la geografía chiapaneca. ¡Qué tal eso!

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