Las inconsistencias que se esconden el caso Damián

La forma y el fondo tienen mucho que ver para comprender la dimensión del trato que se le da a un caso que se puede convertir en un problema y más que eso, es una marca eterna, para bien o para mal, para quien lo padece.

Resulta que tras la masacre que hicieron los soldados en contra de cinco jóvenes en Nuevo Laredo, Tamaulipas, los resultados de la necropsia se obtuvieron en cuestión de horas. En Tuxtla Gutiérrez, la expedición de ésta en el caso del niño Damián, sacado sin vida de la alberca Piguin & Babe, el pasado 7 de febrero, se dio a los padres del niño apenas el primero del mes en curso. Es decir, tardaron casi un mes.

No hay que ser tan ingenuos para pensar que había muchos cuerpos esperando turno como si fuera ir por las tortillas o al cine, no. Es indudable que en este caso los hechos no coinciden con la realidad. Los resultados de la necropsia estuvieron listos, sin duda, desde el primer día en que el niño perdiera la vida por la negligencia del personal de la guardería.

Ahora bien, ¿por qué no hay resultados en cuanto a detenciones o el registro de responsabilidades por lo que a todas luces es una negligencia? Dejemos a un lado lo que los padres de Damián, Amparo y Mauricio dicen que el niño murió ahogado, por la sencilla razón de que su ropa estaba empapada de agua. En el peor de los casos, ignoremos que así haya sido.

Entonces, supongamos que el pequeño falleció, como dice el acta de defunción, a causa de una asfixia mecánica por broncoaspiración, lo que en castellano significa que se haya atragantado con algún objeto o incluso, con su propia saliva.

En el hipotético caso de que así haya sido, entonces ¿dónde estaba el personal para que lo auxiliara? ¿Por qué Damián apareció sin vida dentro de la alberca? ¿Por qué se tardó tanto el médico legista en extender el certificado de defunción o qué motivo orilló a la Fiscalía General del Estado para darlo a conocer?

Acaso se intentó calmar los ánimos acelerados de una familia que de la noche a la mañana había perdido el ser que iluminaba sus vidas y su hogar. La pregunta del millón de pesos es ¿a quién se intenta proteger? Aparte de los propietarios de la escuela, ¿qué funcionarios tienen culpa por autorizar el funcionamiento de una institución educativa en lo que es una casa-habitación?

La impotencia del abuelo, don Rigoberto Moreno Gómez, está al máximo, pues no da crédito que, a estas alturas de la tragedia, Brunett Ortega Solís y José de Jesús Patrinos Burguete, propietarios de la escuela, anden como si nada por la calle.

Parafraseando al presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando dice “algo me huele mal”, la pudrición que parece prevalecer en este caso se consolida con un hecho que la sociedad desconoce, creemos, como lo es que al señor encargado de limpiar, llenar y darle mantenimiento a la alberca hoy se encuentra internado, delicado de salud, luego de haber sido atropellado por un “auto fantasma”, como se maneja en el argot policiaco. Es decir, nadie sabe ni supo cómo fue que fue arrollado.

Este hecho citado no tuviera mayor relevancia si no fuera porque don Ronay, minutos después de sacarse al niño de la alberca, recibió una llamada de la directora Brunett para que se presentara de inmediato a la escuela. A su llegada, la propietaria le ordenó que vaciara el agua y secara la piscina. Él se negó pues el caso era grave y no quería comprometerse.

Esta prueba fehaciente fue tomada en declaración por el fiscal Lázaro Mendoza Tipa, y una copia de la misma está en poder de la familia. ¿Acaso esta prueba no es suficiente para llamar a cuentas a la propietaria de la escuela? ¿No es un delito borrar las pruebas de descargo en el escenario donde se presentaron los hechos?

Será que el señor Ronay está mintiendo como para precisar que la tal Brunett mandó a vaciar la alberca. A pesar de estas anomalías no se entiende cuál es la necedad de proteger una negligencia mortal.

Qué tanto poder tienen como para dejar el caso en el olvido. Insistimos, dónde están esos personajes políticos que se rasgan las vestiduras para retomar el caso y acompañar a los padres de Damián a que se haga justicia. Lamentable, muy lamentable, que continúen escribiéndose historias malévolas, mezquinas, que no dan paso a la razón.

La familia dice que darán la batalla, acudirán a otras instancias y una huelga está vigente en el escenario para que Damián tenga justicia. ¡Ojalá se aclare esta triste historia!

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