Error no reconocer los efectos de la “marea morada”

Los ríos de mujeres que marcharon por todo el país este 8 de marzo significan un aviso de cambio y de exigencia que nadie, de los que están “arriba”, en el poder, lo quiere ver. El mensaje del miércoles no es una simple manifestación de feministas que quieren un cambio o que las volteen a ver, no. Están presentes, vigentes. Son de carne y hueso y será un error del tamaño del mundo si se continúa con esta política de la aplicación de la ley de manera sesgada.

La percepción de que es un movimiento conservador es errada y ayer quedó demostrado. Los cientos de carteles y mantas que las adolescentes, jóvenes, madres solteras, madres de familia y demás portaban sólo tenían un fin: justicia.

Alzaron la voz por ellas, por las que ya no están. Gritaron consignas para que el sistema político cambie, enderece el rumbo. Seguridad, la palabra mágica que se esconde en cualquier rincón del país y que resurge de improviso de día o de noche. No conoce de temporalidad.

Urge modificar esas grotescas estadísticas como la que el 90 por ciento de los casos de violencia en todos sus géneros contra las mujeres quedan en la impunidad; revertir a cero las 11 muertes de mujeres por día, según las propias estadísticas reconocidas por la secretaria de Seguridad Pública Federal; o la grotesca cifra de cuatro violaciones cada hora en el país.

El diálogo tiene que ser la herramienta para conciliar las diferencias en el país. No, no podemos dar crédito que mientras las mujeres exigen respuestas institucionales, los principales actores políticos “pierden” el tiempo dándose hasta con la cubeta, agrediéndose, culpándose entre todos por cosas que sucedieron en el pasado. Hace falta una revolución de conciencias y de reconocer errores.

México sería otro si sus hombres y mujeres que están empoderados revirtieran su forma de gobernar. Es una realidad indescriptible que el movimiento que inundó calles en todo el país no merezca ni una sola mención desde lo más alto del poder.

Las mujeres gritaron, y al paso de las horas, prácticamente sin voz, dijeron que es tiempo de que termine la corrupción de las fiscalías en el país, no más recortes a programas que las protejan. Si los mares de gente no hacen comprender que se requiere cambiar para ayer, entonces, lamentablemente se tiene que decir que la lectura que se le da al movimiento es equivocado.

Si es así, si se continúa en esta sinergia, la respuesta en las urnas en el 2024 podría causar una sorpresa. Hoy en la sociedad civil y quedó demostrado el miércoles, hay mujeres valiosas, preparadas, que saben el camino que debe llevar la justicia. 

No más inclusión y si un cambio de mentalidad ante la pérdida del respeto en México y eso es muy peligroso. No se puede concebir que la desigualdad prevalezca, aunque se tengan las mejores leyes del planeta si estas no se cumplen.

La ciudadanía se ha dado cuenta que no hay simetría en lo que se dice con lo que pasa o se hace, si desde días previos a la celebración los ataques no cejaban contra las mujeres. Tratar de relacionarlas con grupos opositores al gobierno ha sido un craso error que se tiene que reconocer. No, insistimos, no es por ahí pues concebir al feminismo como un movimiento contra el gobierno tarde o temprano se pagará con creces.

La elección de 2024 será el termómetro que abrirá el abanico en el sentido de que demostrará qué tanto se ha perdido la confianza en quienes gobiernan el país.

Las feministas lo que quieren es que ya no haya escenarios grotescos de violación o violencia hacia ellas. Tan solo en el 2022 se registraron más de 700 mil casos de violencia de género en todas sus ramas, una cifra mayúscula que demuestra la descomposición social que se padece.

En las entrevistas a los medios de comunicación registradas durante la marcha, las mujeres sólo piden que no haya más discursos demagógicos, pues para ellas son letra muerta; y que se terminen las denostaciones desde el poder.

Este sería el principal mensaje que la autoridad debe acoger con puntualidad. Ya no más escarnio del pasado para distraer los verdaderos problemas sociales que se padecen en el país. Estamos de acuerdo que, si hay corrupción y se tienen las pruebas, pues es muy simple, que se castiguen a los responsables, pero México requiere un cambio radical para que haya respeto hacia las mujeres.

No se pide más, sólo que se trabaje para que cese la violencia machista y se dé el lugar que merece la lucha de las mujeres feministas. El miércoles mostraron orden y respeto y eso es justo lo que exigen como respuesta. Nada más.

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