Género: concepto social e históricamente construido

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

Los individuos no nacen biológicamente predeterminados a vivir un tipo de vinculación con los sistemas sociales, la estructura de privilegios, la distribución del poder y las posibilidades de desarrollo social, afectivo, intelectual y psíquico; si bien la idea de género como criterio de agrupación o de diferenciación no es nueva, la manera en la que el concepto comienza a ser incorporado y utilizado ha logrado propiciar un proceso dual de resignificación y desarrollo. Por un lado, se construyen cualidades descriptivas y analíticas basadas en la capacidad de la idea de género para señalar la diferencia entre sexos. No es sólo que por medio de este concepto se separe y clasifique a los sujetos de acuerdo con sus características fenotípico-sexuales, que se reconocen visual y naturalmente, lo que resulta novedoso es que esta idea permite reinterpretar la relación entre lo genético y lo adquirido, lo innato y lo aprendido, lo biológico y lo social, porque problematiza fundamentalmente la idea de las estructuras naturales inherentes a los individuos y cuestiona la supremacía de la naturaleza sobre la cultura, en la definición de lo que es masculino y lo que es femenino, lo que es propio del hombre y lo que es propio de la mujer.
Consecuentemente, este concepto sufre un proceso de maduración: pasa de ser una variable que reconoce y separa el comportamiento sexual en su expresión social, a ser un concepto que permite establecer relaciones entre los elementos que interactúan para generar la diferencia. Como la clase, el género constituye una de las dimensiones básicas de toda organización social, este concepto se refiere a relaciones variables social e históricamente construidas, a significados culturales y a identidades a través de las cuales las diferencias sexuales a nivel biológico adquieren una dimensión social; no es visto como un producto estructuralmente determinado, sino como resultado de las acciones humanas en condiciones específicas.
Por lo tanto, más que a una característica individual, el género se refiere a las relaciones sociales que moldean la identidad de hombres y mujeres; las mujeres comparten una misma condición opresiva por el hecho de vivir en una sociedad estructurada patriarcalmente, dentro de una cultura que legitima este patriarcado de manera permanente. Sin embargo, la opresión que vive cada mujer manifiesta variaciones y diferencias importantes, de acuerdo con la clase social a la que pertenece y que ocupa dentro de la estructura desigual de oportunidades. En una sociedad donde las desigualdades de clase se convierten en la base de su organización central, la forma en que los sujetos se incorporan a la producción y distribución de la riqueza determina la estructura de opciones dentro de la cual construyen sus proyectos de vida y ejercen sus voluntades personales.

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