Víctor Hugo López Cancino
Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.
Jorge Éver González Domínguez [email protected]
Víctor Hugo López Cancino, nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, aunque toda su infancia y adolescencia vivió en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, por lo que él refiere a ambas ciudades como parte de su historia.
Desde muy niño incursionó en la declamación, representó siempre a las instituciones donde estudiaba, logrando tener el primer lugar en cada certamen. En una ocasión, precisamente en un certamen de declamación, en Las Margaritas, Chiapas, allá por el año de 1989, conoció al poeta y cronista comiteco Óscar Bonifaz (recién fallecido), quien le invitó a que comenzara a escribir poesía. Víctor así lo hizo, de tal manera que lo considera su padrino literario.
Como poeta, Víctor Hugo ha escrito varios libros, entre ellos: “Zurcido de Pasión y de Esperanza”, “Poesía libre de mi alma desvestida”, “A la vuelta del silencio “, “Evocar el olvido” y “Binomio”, este último libro en coautoría con la poeta Socorro Carranco.
Aunado a ello, desde muy niño estudió danza, en sus diferentes modalidades: clásica, contemporánea, folclórica. Perteneció al Ballet de Ciencias y Artes de Chiapas por más de diez años.
También es actor, ha participado en diversas puestas en escena, como las siguientes: “Comala”, dirigida por Miguel Ángel Aragón; “Bienvenido Conde Drácula” y “Don Juan Tenorio Chiapaneco”, versiones de la inolvidable dramaturga Lola Montoya y dirigidas por Aarón Vite.
Víctor Hugo es polifacético y, además, es promotor cultural.
Fue presidente de la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos (AEPCH) y actualmente preside la Institución Cultural Internacional América Madre, filial Tuxtla Gutiérrez, con sede central en Argentina; pertenece también, al “Círculo Universal de Embajadores de la Paz”, con sede en Francia.
Aquí, algunos poemas de su libro “Evocar el olvido”:
I
Abro las puertas de la ausencia
y el reloj marca la hora del destierro.
Yace en la penumbra el desasosiego.
Uno a uno se marchan los días que jamás existieron,
piedra a piedra se forma el muro que evita el regreso.
XXX
Entrego a Poseidón la última carta no escrita.
No hay alegría más grande
que quitar el peso de la carga.
Pasan días y queda un poco menos de vida
mas no importa cuando se desarman pesadillas.
La zozobra es ágil para escurrirse entre las grietas
pero el valor triunfa cuando sella cada una.
Después de merodear en la penumbra,
después de sembrar desvelos
he de seguir cultivando el silencio.










